¿Alguna vez se han preguntado cuáles son los efectos que pueden tener las redes sociales en nosotros y en nuestro entorno? A mí me encanta analizar esto, pues creo que hay MUCHA tela que cortar, por ello desde hace tiempo he querido compartir con ustedes alguna publicación en la que tocara este tema tan interesante y, por fin, ha llegado el momento.
Siempre he considerado que estudiar Comunicación Social es una de las mejores decisiones que he tomado en los años de vida que llevo acumulados. Durante los casi cinco años que viví dentro de las aulas de clase pude aprender mucho sobre un montón de temas, y una de las cátedras que más disfruté fue Teoría de la Comunicación. Como su nombre lo indica, en ésta estudiábamos teorías sobre la comunicación, mayormente sobre los efectos de ésta en las personas y la sociedad.
A pesar de que todas son bastante certeras y aplicables, hubo una en específico que llamó mucho mi atención porque, al instante luego de investigarla, la pude relacionar con los medios de comunicación actuales y cambió en seco mi forma de percibirlos, especialmente el más reciente: el internet (y sus famosísimas redes sociales).
El funcionalismo, esa teoría que tanto me gustó estudiar, es aplicable a prácticamente todo lo que podamos imaginar. De manera general, el funcionalismo nace como una escuela de ciencias sociales en la tercera década del siglo pasado. Sus principales exponentes fueron Émile Durkheim (filósofo francés, uno de los padres de la sociología como disciplina académica), y Talcott Parsons y Robert Merton, reconocidos sociólogos estadounidenses.
Según explica esta teoría, la sociedad está organizada en un sistema que se sostiene si sus miembros actúan de la manera en que deben, es decir, si cumplen con sus funciones. Para ello es necesario que se cumplan cuatro acciones esenciales: controlar las tensiones, adaptarse al entorno, buscar un objetivo común, y que las distintas clases sociales se integren. Cúmplanse estas cuestiones y la sociedad estará funcionando.
Es así como se explica el funcionalismo desde un punto de vista netamente social, pero ¿qué sucede cuando lo aplicamos a un área específica de la sociedad? ¿Cómo se aplica la teoría funcionalista en los medios de comunicación social?
Como muchos sabrán, los medios de comunicación tienen una serie de funciones básicas para ser denominados como tal, estas son la función de informar, educar/formar y entretener. A estas funciones se le pueden sumar las descritas por el reconocido sociólogo Harold Laswell, más cercanas a la actuación de éstos en la sociedad, que son la vigilancia del entorno, la correlación de los individuos y la transmisión del legado social.
Pero más allá de esto, el funcionalismo, de la mano de Paul Lazarsfeld y Robert Merton, principalmente, nos indica que existen dos grandes características que resumen el accionar de los mass media en la sociedad:
1.- Función de conferir prestigio: La posición social de personas, acciones o grupos se ve prestigiada y enaltecida cuando consigue atraer la atención favorable de los medios.
2.- Función de reforzar las normas sociales: Al dar publicidad a las conductas desviadas se acorta la distancia entre la moralidad pública y las actitudes privadas, ejerciendo presión para que se establezca una moral única. Fuente
Pero, además de estas funciones, con la teoría funcionalista se suma una disfunción al estudio de los medios de comunicación, denominada disfunción narcotizante. ¿Por qué disfunción? Porque, a diferencia de las características anteriores, ésta no ayuda a mantener el equilibrio, no es funcional para el sistema social. Y esto lo logra como un narcótico, atontando y generando apatía o conformismo en las personas.
Esta disfunción se refiere a la manera en la que los medios disminuyen el tiempo que dedican las personas a la verdadera acción, es decir, el individuo al sentirse informado se cree participante, cuando en realidad no ejerce ninguna acción, es más, se aleja de la acción.
La sociedad tiende, ante una estimulación mediática continuada, a confundir el conocimiento de un hecho, noticia, etc. con la acción (pasotismo). El individuo interioriza su relación con los medios de comunicación (transmisión) asumiendo el papel de espectador contemplativo sobre el que orbita una realidad teatralizada en la que el solo asume su papel de actante englobante, quejándose, riendo... reduciendo su actuación a la elección del canal, el programa y el volumen.Fuente
Por supuesto, para el momento que comenzaron estos estudios, el medio objetivo de análisis era la televisión, ese aparato que atontaba a los espectadores que, al verlo, se sentían piezas claves dentro de lo que estaba mostrando la pantalla. Sin embargo, con la aparición del internet y, con éste, las redes sociales, se ha visto como ese efecto narcotizante de los medios se intensifica e, incluso, actualmente se cuenta con herramientas para dejarse llevar, aún más, por esa droga.
Bien, sabemos que los mass media nos hacen sentir como que actuamos socialmente, cuando en realidad no es así. Pero las redes sociales van más allá, ellas nos invitan a actuar, nos dicen "ey, si le das Like a esta publicación estás ejerciendo una acción, obviamente no estás sedado, sentado en una silla sin hacer nada más que scrolling en una página web". Pues no. Darle Me gusta a una publicación que indica que se descubrió la cura del cáncer no nos hace partícipes de ese descubrimiento. Es más, nos narcotiza incluso más que cualquier otro medio de comunicación.
De por sí con la función Me gusta era suficiente para drogarnos, pero, con el nacimiento de las famosas reacciones, esto se intensificó. Ahora podemos mostrarnos enojados, tristes o sorprendidos ante una noticia. Reacciones que nos vuelven aún más apáticos.
A mi parecer, una de las formas más sencillas de darnos cuenta de esto, es observar las reacciones que se dejan en publicaciones relacionadas con cuestiones mundiales, por ejemplo, las que se refieran a conflictos entre países o sobre derechos humanos. Por ejemplo, como sabrán, se presume que podría estallar una Tercera Guerra Mundial debido a un ataque organizado por tres países en contra de otro, por supuesto, al instante aparecieron muchas publicaciones sobre esto que se inundaron de Me enoja.
Pero, ¿realmente esas reacciones que con tanto empeño colocan causan algo? ¿Esos me enoja evitarán que pueda haber un segundo ataque o que surja una respuesta también armada por parte del país atacado? No. Todos sabemos que no. Pero ahí vamos, ofendidos, a pinchar el emoji amarillo con rojo para demostrarle al mundo que no estamos de acuerdo, que, como parte de la sociedad, rechazamos esa noticia.
Y así caemos en la droga de las entretenidas redes sociales. "¿Por qué debería ir a la Plaza Venezuela a protestar si puedo, desde la comodidad de mi casa, escribir unos cuantos tuits o estados en contra del Gobierno? Es mil veces mejor, mi rechazo llega a más personas." Otra vez, no. Narcotizados creemos que estamos ejerciendo una acción social cuando simplemente estamos participando en una red social, como espectadores u opinadores (ambos prácticamente lo mismo, porque nuestra opinión no va a cambiar el orden mundial).
En fin, como ya comenté en el comienzo de este post, de este tema hay muchísima tela para cortar y, con base en las teorías, cada quien tiene su propia percepción sobre el mismo. Para mí, estas reacciones pueden amarrarnos a un mundo virtual que limita nuestra acción social, la que realmente puede generar algún cambio. Por supuesto que, si vemos las redes como simples medios de entretenimiento, está bien, pero quedarnos estancados allí puede ser muy peligroso para nuestro progreso individual y colectivo.