¿Alguna vez has analizado el hecho del coincidir de dos almas? O si ¿es realmente una conciencia? ¿Alguna vez han creado una persona o historia en su cabeza y luego se dan cuenta que lo pensado existe, que simplemente sucede?
Me pregunto constantemente si esto solo me pasa a mi, o es el común de las mentes. Prefiero pensar que es lo último lo que pasa realmente, porque de lo contrario significaría que algo está mal en la mía. ¿Si entiendes lo que digo cierto?.
Bueno no importa, igual asumiré que si.
Realmente se que no hay nadie aquí, y que una vez más estoy hablando sola con las voces de mi cabeza. No sé asusten, no estoy demente y ellas son buenas personas. (Y ustedes no se ofendan, solo trato de que le agraden a más personas a parte de mi.)
En fin, mi cordura no es el punto de discusión ahora. Les que quiero hablar de nuestras almas en el tiempo.
Tengo la teoría que vivimos constantemente esta vida en momentos cronológicamente distintos. No es disparatado pensar que el tiempo no transcurre linealmente como nos dicen, que el pasado queda atrás, al igual que el presente y que la única dirección es el futuro.
No, muy por el contrario el tiempo transcurre de forma circular. Por algo los relojes son redondos y los de arena se voltean para volver a empezar. Las respuestas más complejas aunque no lo crean, las encontramos en lo cotidiano.
Dicho esto si recordamos un poco sabemos por mucho que la ley de la conservación de las masas nos explica de forma clara que nada expira, que todo está en constante transformación. “<<la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma>>”
Entonces cuando nuestra vida acaba en este espacio de tiempo y nuestro cuerpo orgánico se descompone ¿Qué pasa con nuestra alma? Esta no puede caducar simplemente. Se transformará también en energía pura. Energía que mueve nuevas creaciones, que mantienen el universo en equilibrio. Luego el reloj da una nueva vuelta y nacen nuevos cuerpos que se llenan de esa energía.
No es coincidencia que vamos caminando por la calle y nos topamos con alguien al que juramos conocer ¡pero que en la vida hemos visto! ( En esta claro).
Puedo asegurar que a todos nos ha sucedido alguna vez, el sentirnos sin ningún motivo conectados a niveles extraordinarios con personas que llegan repentinamente a nuestras vidas, y de golpe algo se acciona, como si alguna pieza encajara.
La respuesta de eso es que seguramente compartimos un pedazo de alma. No hablo almas gemelas, ni medias naranjas. Hablo de la compenetración de la esencia mismas por sí sola, de la armonización del un ser con otro totalmente ajeno a él, por el hecho de ser parte del mismo. Eso no puede ser coincidencia, somos un engranaje de imanes desarmado en millones de piezas.
Estamos hechos de muchas vidas, cargamos temores, intuiciones, gustos y manías. Que están inherentes a nosotros por un motivos que desconocemos.
Nuestra alma es el resultado de la transformación de muchas, nuestra alma ha vivido tanto que a veces nos pesan los años que no tenemos.
A veces soñamos con momentos que no hemos vivido, a veces nos sentimos cómodos imaginando tantas cosas y no entendemos porqué.
Cada cierto tiempo, cuando el reloj da una vuelta nos podemos encontrar con algún pedazo de nosotros mismos en cualquier parte, a veces no es nada alentador, por ejemplo cuando encuentras un pedazo de alma de tu amor en un hombre de 60 años y tu tienes 22. Y tremenda confusión cuando la coincidencia está en alguien de tu mismo sexo cuando juras que eres heterosexual. Y tremendo lío si en el mismo fragmento de tiempo tienes la mala o buena suerte de encontrar a más de una de esas piezas, malo digo porque llega la muy nombrada indecisión, y bueno porque por algo que no sabrás explicar te sentirás más completo que nunca, dirás cosas como “es que ella tiene algo que la otra no, pero la otra me hace tan feliz porque tiene algo que ella no tiene” tus deseos más comunes serán que sean una sola, pero eso no se podrá. Entonces a esas “coincidencias” les llamamos ironías.
Lo que realmente debemos entender es que somos partes de un todo, que vive en constante cambio y que siempre encontraremos otra versión de nosotros mismos cuando el reloj pase las 12. ¿Estarás listo para ese encuentro? Lo sé, nadie lo estará.
Ahora te invito a que te preguntes: ¿Qué tan vieja es tu alma?