Un mundo por descubrir
Un día en el que estaba muy aburrida, Marta descubrió un mundo fantástico. Era como juntar todos los cuentos de hadas que le encantaba ver en la televisión, pero mucho mejor, porque en este mundo pasaba exactamente lo que ella quería. Los peces tenían colores fascinantes y podían elevarse entre nubes; las flores se despegaban del suelo y corrían; los ángeles bajaban del cielo y entonaban hermosas canciones en un extraño idioma; el viento se dibujaba un rostro hecho con hojas caídas y polvo. En este mundo desconocido y fascinante Marta no solo habló con muchos animales que la trataron con cortesía y le sacaron sonrisas con sus chistes y ocurrencias, sino que cruzó palabras con las criaturas más extrañas e inimaginables que se encontró.
Marta cruzó un río hecho de chocolate líquido y galletas flotantes, cenó con las sirenas saltarinas y siguió caminando, dejándose guiar por una criatura que se parecía mucho a su maestra de inglés, solo que esta tenía el cabello más abundante, del cual caían varios colores en cascada, como un arcoíris en movimiento.
En el mundo fantástico ya estaba oscureciendo y Marta sentía que ya había pasado mucho tiempo allí, así que se estaba haciendo hora de regresar. ¡Pero le quedaban tantas cosas por ver y descubrir! Así que sintió tristeza y ganas de que ya fuera otro día, para que pudiera regresar rápido a ese mundo que había descubierto a causa del aburrimiento.

—Marta, ¿Te gusta estar en este mundo? —preguntó su guía.
—Sí —respondió de prisa la niña—. ¡Me encanta! En mi mundo las cosas son aburridas, los animales no hablan, las flores no caminan, los ángeles no bajan del cielo… —hizo una pausa al saberse emocionada—. Aquí me siento bien y me divierto mucho.
—Marta, puedes volver aquí siempre que quieras, porque todo lo que ves forma parte de tu imaginación. Es muy bonito crear nuestros propios mundos, donde las cosas son como queremos y lo cotidiano se vuelve fascinante, pero hay algo que nunca debemos olvidar: existe la realidad. Ya pertenecemos a un mundo.
Marta se quedó pensando en las palabras que le acababa de decir su guía, decidiendo si eran buenas o malas. ¿Estaba mal estar en ese mundo?
—Hay algo que quiero que me prometas.
Marta asintió confundida.
—Quiero que me prometas que si vives mucho en el mundo que tienes en tu imaginación, vas a salir y vivir en la realidad, ¿sí? —La niña volvió a asentir—. Y que si vives en el mundo real nunca vas a olvidarte de este que tienes en tu mente. Que lo llevarás contigo en tu corazón y entrarás en él cuando sea necesario.
—Lo prometo.
—Recuerda tu promesa, a partir de ahora tu deber es mantener el equilibrio entre el mundo real y el imaginario.
Las palabras se fueron desvaneciendo cuando Marta cerró el cuaderno donde estaba dibujando y escribiendo una historia donde todo era fantástico. Además, había agregado las palabras que su madre le había dicho cuando fue a buscarla para que saliera a cenar. La historia no estaba terminada, pero podría volver después para seguir escribiéndola, esta vez, sabiendo que no debe olvidarse de la realidad.