Dejamos cirugía atrás y pasamos a neonatología. El día de hoy hablaremos un poco sobre cómo y porqué se presentan infecciones en los recién nacidos, así que preparen su tacita de café porque...
Los microorganismos infecciosos se pueden transmitir desde la madre al feto o al recién nacido por diversas vías. Los neonatos al tener menor capacidad para responder a las infecciones debido a la inmadurez de su sistema inmunológico, sobre todo en los prematuros, son más susceptibles a padecer sepsis (infección generalizada en el organismo).
Existen varias vías de transmisión para que estos microorganisoms lleguen al neonato. Principalmente tenemos las Infección Intrauterina, que son el resultado de una infección en la madre, y de la correspondiente transmisión por vía sanguínea al feto a través de la placenta. Dichas infecciones, dependiendo de las semanas de gestación en que se presenten pueden provocar desde un aborto espontáneo precoz
una malformación congénita, un retraso del crecimiento intrauterino,
un parto prematuro o la muerte fetal. Incluso después del nacimiento son neonatos potencialmente sépticos, es decir más propensos a contraer una infección generalizada.
Por otro lado, tenemos las infección bacteriana ascendente. Normalmente, el feto o el recién nacido no se exponen a una bacteria patógena hasta que se rompen las membranas y pasa a través del canal del parto y/o accede al medio extrauterino. El canal del parto está colonizado por microorganismos aerobios y anaerobios que pueden dar lugar a una infección amniótica ascendente, a la colonización del recién nacido durante el parto, o a ambas.
Otro factor importante, pero meno común es la coriamnitis, que no es más que una invasión microbiana del líquido amniótico, por lo general como consecuencia de una ruptura prematura de membranas prolongada. La infección amniótica también puede producirse cuando las membranas están aparentemente íntegras o llevan poco tiempo rotas.
De igual modo también puede suceder que el neonato aspire o ingiera bacterias del líquido amniótico, lo que puede conducir a una neumonía congénita o a una infección sistémica, con síntomas que se hacen patentes antes del parto (pérdida de bienestar fetal, taquicardia), durante el parto (incapacidad para respirar, dificultad respiratoria, shock) o después de un período de latencia de unas pocas horas (dificultad respiratoria, shock).
Teniendo eso en cuenta podemos definir la palabra sepsis como una invasión y proliferación de microorganismos en el torrente sanguíneo. Y esto ocurre porque se desencadena una respuesta inflamatoria sistémica, es decir, que el organismo inmaduro del niño ante la presencia de un microoganismo extraño activa a una multitud de hormonas, citoquinas, enzimas, células y procesos que actúan como protección ante el estrés celular que se presenta.
Entre las manifestaciones clínicas vamos a observar un niño decaido, con poco ánimo, con llanto leve, puede presentar la fontanela abultada, un aumento de la frecuencia respiratoria, pulso debil, coloración amarilla en la piel (ictericia), distensión abdominal, eritemas en la piel, purulencia periumbilical, fiebre o hipotermia, e incluso convulsiones, no ajuro deben estar presente todos los síntomas. Una de las manifestaciones mas importantes es la fiebre, así que si tu bebe presenta alzas térmicas debes llevarlo urgentemente al médico.
En cuanto a su tratamiento, este se debe basar en la causa, es decir la fuente de la infección y el tipo de microorganismo causante de la sepsis, lo que dictaminará el tipo de antibiótico a utilizar, entre otras medidas de soporte según la gravedad del asunto y la respuesta del paciente.