Lady Mocaccino muy distraída con su ejemplar de Fernando Furioso - Foto de mi archivo personal
En esta ocasión comentaremos sobre el libro álbum Fernando Furioso (Angry Arthur en inglés) de Hiawyn Oram y Satoshi Kitamura (1982). Mi ejemplar es una edición de Ekaré del 89; la magnífica traducción es de Verónica Uribe.

Sobre el libro álbum
Probablemente ya sabemos esto; igual lo recordaremos: A diferencia de cómo leemos un libro ilustrado, en el cual podríamos simplemente prescindir de las imágenes, con el libro álbum debemos combinar lo que dicen las palabras y lo que dicen las imágenes que lo acompañan, para así obtener el texto completo. Lo que es lo mismo, en un libro álbum hay dos textos complementarios: uno lingüístico y uno pictórico.
Debido a este principio de complementariedad entre los textos que componen la obra, veremos que los libros álbum se presentan frecuentemente con dos autores: aquel que escribe, quien tradicionalmente se nombra primero, y aquel que ilustra. En el caso del cuento que comentaremos ahora, Hiawyn Oram es el escritor, mientras que Satoshi Kitamura es el ilustrador.
Ejemplar de Lady Mocaccino de Fernando Furioso(1982), de Hiawyn Oram (texto escrito) y Satoshi Kitamura (ilustraciones), publicado por Ediciones Ekaré en 2010 - Foto de mi archivo personal

Había una vez un niño llamado Fernando.
Una noche, quiso quedarse despierto viendo
una película de vaqueros en la televisión.
Pero su mamá no estuvo deacuerdo:
—No, —dijo su mamá—. Es muy tarde. Vete a la cama.
—Me pondré furioso, —dijo Fernando.
—Ponte furioso, —dijo su mamá.
Luego Fernando en verdad se puso furioso. “Tan furioso que su furia se convirtió en una nube tormentosa que explotó con truenos, relámpagos y granizo”. Luego se transformó “en un huracán que arrancó los techos de las casas…” y luego en un “ululante tifón que arrancó a pueblos enteros y los hundió en el mar”. Al final, la furia de Fernando se volvió “un terrible temblor que resquebrajó la superficie de la Tierra”, desencadenando un “terremoto universal”. Al final todo quedó hecho “migajas en el espacio”.
Durante la evolución de la furia de Fernando su mamá, su papá, su abuelo y su abuela le repiten “Ya basta”, pero la furia avanza sin hacer caso. La furia lo destroza todo, comenznado desde la casa de Fernando y luego sobrepasa los límites del hogar y se extiende a todo el planeta, afectando incluso el espacio exterior.
Y así termina el cuento:
Fernando se sentó en un trozo de Marte y pensó.
Pensó y pensó.
(...)
¿Por qué fue que me puse tan furioso?
Pero no se pudo acordar.
¿Y tú? ¿Te acuerdas?

La metáfora
Sabemos que una metáfora es una “recategorización de la realidad”, para ponerlo en palabras de Marchese y Forradellas; esto quiere decir que las cosas se convierten en otras. La tormenta, el huracán, el “ululante tifón”, el “terrible temblor” y, finalmente el “terremoto universal”, son metáforas de la furia en escalada.
Una lección muy útil
Fernando permanece con un gesto muy duro, los brazos cruzados y los dientes apretados. En verdad, está muy, muy furioso. Su furia crece tanto que él se convierte en una víctima de esta.
La furia, no Fernando, pues el niño no llega a mover un dedo, lo destruye todo. Este cataclismo de rabia, cual bestia, destruye la casa y sale desaforada a destruir el mundo.
Al final Fernando ni siquiera se acuerda de por qué se puso bravo en primer lugar. ¿Habrá valido la pena destruirlo todo por algo que de lo que al final ni te acuerdas? Pues así es la furia; es devastadora y por supuesto que no vale la pena. Una vez que todo está hecho pedazos, no hay cómo hacer borrón y cuenta nueva. Mejor pensarlo mejor antes de ponerse furiosos, ¿o no?

Gracias por leer.
El texto y las imágenes son de mi autoría. Las citas son del ejemplar citado.
Foto de mi archivo personal
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