Entre los pinceles,
un marcador permanece,
poco se mueve,
hasta que la pantera aparece.
Aquel marcador va a su encuentro,
se quita la tapa y escribe un hola inmenso,
sin embargo, no deja nada,
ha quedado sin tinta desde la alborada.
El marcador no se alarma, busca solución,
hace giros de forma veloz,
del suelo brotan gusanos de color,
que se organizan en un hola de pequeña dimensión.
Así saluda el marcador a su amigo,
con un hola de gusanos bonitos,
ya la tinta se acabó,
pero siempre queda el color.
Créditos Margarita Palomino