Érase una vez un país llamado Venezuela. Por todos conocido como tierra de inmensas riquezas naturales y afectivas. Tierra de Gracia le decían, donde venía mucha gente de otros mundos y tierras lejanas, a establecerse y echar raíces.
Tierra bendita en riquezas naturales como el petróleo y el oro, el cual era explotado sin misericordia para enriquecer a muchos que se conocieron como corruptos y empantanaron este suelo. La vida transcurrió en un ir y venir de presidentes y gobiernos, donde la indiferencia del venezolano era tan grande que poco le importaba aquello que llaman Ciudadanía y que tanta falta hace para que un país pueda ser desarrollado y del primer mundo. Los venezolanos solo pensábamos en este, como un país al que jamás las riquezas iban a terminársele por el despilfarro y sobre todo, que íbamos a perder un bien más preciado que el oro y el petróleo, les estoy hablando, señores, de algo llamado LIBERTAD. Si, fuimos dejando el país en las manos de unos pocos que ofrecieron villas y castillos y que al final terminaron cercándonos, desocupándonos de nuestras libertades y logros, para dejarnos encerrados en un cuadrito de país en el que solo podemos estar pensando en como sobrevivir a esta debacle.
Han transcurrido veinte años de aquel entonces y hoy, sentimos el agotamiento, la tristeza de ver partir a nuestros seres queridos, entre ellos jóvenes, que buscan un futuro mejor que aquí les es negado por el egoísmo, la ambición desmedida, la maldad de unos pocos seres mezquinos, de alma oscura que pretenden acabar con la luz de tantos venezolanos útiles, haciéndonos sentir pequeños, disminuidos en lo que antes fuimos.
VENEZUELA tiene aún tanto y tanto para dar. El que nació en esta tierra y el que vino a hacerla suya y se la metió en la sangre, sabe de que hablo. Somos fuente incalculable de riqueza y no hablo de la material, no, para nada, hablo de esa riqueza interior que nos caracteriza, ese entusiasmo pujante para querer emprender y alcanzar lo mejor para nosotros y los nuestros, ese sentido de pertenencia a una tierra que es única y que hace que nos distingamos en cualquier lugar que vamos simplemente por el hecho de decir: "si, yo soy VENEZOLANO". Ser venezolano es un regalo de la vida, es una marca personal, es simplemente el orgullo de haber nacido en el mejor país del mundo y que me perdonen los demás pero esto es un sentimiento que nace con uno cuando tiene el privilegio de abrir sus ojos por vez primera en esta maravillosa tierra. No me cansaré de decir lo hermosa que es mi tierra, hoy golpeada pero con una luz que está asomando allá a lo lejos y que se ve cada vez más cerca.