Todo comienza cuando nos casamos y tenemos la cantidad de hijos que Dios nos bendice.
Los criamos, los educamos, los amamos, los consentimos, los escuchamos, nos ponemos en su lugar cuando plantean algo, cuando discuten algo.
Los entendemos cuando atraviesan etapas, por ejemplo la pubertad, nosotros, sus padres, también pasamos por la misma edad, y actuábamos igual. Deseamos la mayor de las felicidades para su futuro. Oramos todos los días, mañana, tarde y noche, para que estén bien, sean felices, y no les pase nada nunca.
En la educación, esta la académica y la de enseñarlos a volar, a valerse por sí mismos, para que su vuelo sea alto. Sabemos que algún día ellos crecerán.
“Cosechas lo que siembras”.
Por el hecho de que los educamos, le damos techo, comida, vestimenta, no significa que nuestros hijos están obligados a respondernos, cuando sus padres entren en las postrimerías, porque ellos son los hijos de la tierra. Nosotros no somos sus dueños, solo somos el enlace que Dios envía para enseñarlos a ser seres buenos para esta tierra. Los hijos son seres libres, y algún día ellos serán padres y se repite la historia.
“Las cosas que se hacen a gusto son mas placenteras”.
No hay nada mejor que recibir ayuda con amor, no por obligación, si yo te eduque tú debes responderme cuando yo envejezca, pienso que no debe ser así. Los padres debemos luchar en la vida en función de prepararnos para las postrimerías, valernos por nosotros mismos, no depender de nadie.