Ya me he resignado a que, aunque estoy retirado de la política y dedicado a escribir guiones de cine y TV, los amigos siguen creyendo que yo tengo poderes proféticos o analíticos como para predecir hacia dónde va la vaina en Venezuela.
Últimamente, con mi maestro Ibrahim Guerra, hemos preferido hablar de política en términos guionísticos: trama, antagonistas, giros dramáticos, anti–clímax, primer acto, viaje del héroe…
Digamos que el primer acto terminó poco después de la auto–juramentación de Guaidó, con el reconocimiento de su interinato presidencial por parte de USA, América Latina, Europa, etc. Ese es el punto de no retorno, celebrado con un par de marchas muy concurridas, en las que sus seguidores cantaron bajo el sol, mientras Maduro y sus conmilitones daban públicas muestras de andar turulatos, que no significa que entregados.
Entramos al segundo acto, y como todo segundo acto que se respete, éste debe ir creciendo hacia una gran confrontación, hacia la congregación de los ejércitos y las tropas, antes de la madre de todas las batallas.
Es tan arquetípica la cosa, que esa leva de tropas está ocurriendo en las fronteras, como en cualquier película de guerra que se precie. Militares colombianos, norteamericanos, brasileños, curas, voluntarios venezolanos y de otros países, delegados de Voluntad Popular in situ, preparan la arremetida con la “invasión” de ayuda humanitaria, léase bastimento.
En el medio, soldados hambrientos, guardias nacionales ansiosos de ver qué pueden decomisar de la caravana de la libertad y la papa si es que cruzan las fronteras, aburridos mientras Trino Mora con la pechera abierta canta “Libera tu mente” y Winston Vallenilla, rodilla en tierra, recita algún epónimo a Maisanta.
Me recuerda una de esas películas malazas de La Villa del Cine. Una montonera. La última montonera, o la más reciente, como usted prefiera.
Lo que dice Maduro es absolutamente cierto: los norteamericanos, colombianos, brasileños, curas, voluntarios venezolanos y de otras latitudes, quieren invadir y sublevar. Y si no es así ¿A qué estamos jugando? Hay que ser bien pendejo para creer lo contrario, pero como se trata de una guerra, queda feo decir: “¡Ay, pobrecito yo, que me quieren invadir los gringos malucos!” cuando uno anda presumiendo con aviones Sukoy, tanques desvencijados y colectivos armados.
La leva viene, es una especie de Campaña Admirable rediviva. Las mamás, abuelitas, novias y demás hastiados de este lado, ya se están movilizando para hacerle una tenaza a Winston y a los guardias nacionales, para rogarles primero, insultarles después, y finalmente lanzarles piedras, bombas molotov y todo lo que tengan a la mano, con el fin de forzarles a que dejen entrar la caravana.
La caravana entra, los primeros que comen son los guardias y los soldaditos que los dejaron entrar, luego se empieza a repartir el rancho y las medicinas entre el populacho, abrazos fraternales (¡Viva Venezuela, no jodaaaa!), lágrimas, euforia…
Y aquí es donde ocurre el clásico giro dramático del segundo acto: muy a la manera del 11 de Abril aquel, alguien grita. ¡Vámonos pa’ Caracas, vámonos pa’ Miraflores, ni un paso atrás hasta que no saquemos a ustedes saben quién!
Estupor, pausa dramática, y de repente estalla la ola épica:
-¡A por ellos, carajo!
Y empieza a avanzar el convoy, con la esperanza de ir levantando pueblos, gente de a pie, de a caballo, de a moto y bicicleta (tienen papa como para llegar a Caracas) en una larga marcha como aquella que hubo en China, pero bochinchera porque es venezolana.
El sueño podría ser ir “liberando” pueblos, y que a su paso, las guarniciones se subleven, que los comacates le digan a sus mujeres: “Mi amor, aquí tienes 200 dólares, aguanta, que yo me voy con Guaidó” y que los camiones se conviertan en tanques, en transportes militares, y que soldados y pueblo se unan en uno solo… Bueno esa sí que sería de verdad una unión cívico-militar.
¿Les dispararán? No estoy muy seguro. Me han comentado acerca de militares de alto rango que han dejado sentado que “Nosotros no vamos a disparar contra el pueblo para mantener en el poder a esos civiles ladrones” (léase Maduro et. al.).
No es sólo moralismo, sino culillo: ellos saben que esta vez hay un desenfrenado en La Casa Blanca que quiere estrenar los jugueticos de guerra que le dieron en custodia, y que piensa que eso sería bueno para su re-elección el año que viene.
Esa es una de las propuestas de guion, lo que se llama Master Scene Scritp o guión literario. Habrá que ver qué hace el director, los protagonistas y antagonistas, los actores secundarios, y sobre todo los extras, el pueblo, si quiere imitar a Moisés y su combo en la salida de Egipto.
Una salida muy a la venezolana, una película que se estrena el 23 de febrero, en una frontera cerca de usted.
¿La banda sonora, el sound-track?
Cántese en ritmo de golpe tocuyano:
“Tu hija está en un serrallo
Dos hijos se te murieron
Los otros dos se te fueron
Detrás de Guaidó, a caballo…”
Óscar Reyes-Matute / מתת