Con la manipulación ocurre algo similar a lo que ocurre con la traición: uno siempre considera que sólo puede estar en un lado, el del traicionado, o en el de quien se ha intentado manipular.
Sin embargo, del mismo modo que es muy probable que exista alguien que se haya sentido traicionado por nosotros, también habrá quien crea que hemos intentado manipularle.
Porque lo cierto es que todos, quien más quien menos, intentamos manipular ya que en todos subyace el deseo de que los demás adopten nuestras posturas. Así pues, podríamos considerar que la manipulación es sinónimo de injusticia porque supone una privación en la capacidad de tomar decisiones, un intento para mermar el libre albedrío del que goza el individuo para tomar decisiones o para adoptar una posición concreta en cualquier asunto de la vida.
Tan importante como ser conscientes de los medios que se utilizan para manipularnos —prensa, televisión, instituciones— es ser conscientes de los que utilizamos nosotros, generalmente de modo inconsciente, para hacer lo mismo con las personas de nuestro entorno.
Si tuviéramos que mencionar el caso más grave de manipulación —el más lacerante en contra del individuo— no andaremos muy desencaminados al señalar el que secularmente han practicado las instituciones cuyo propósito consiste en ejercer un control opuesto tanto a la libertad individual como al bien común, instituciones que se circunscriben a estos cuatro ámbitos: religión, política, economía, ciencia.
Si nuestro propósito es rechazar la manipulación, no se trata únicamente de evitar que nos manipulen, debemos rechazar también la manipulación cuando es uno mismo quien la ejerce sobre otros. De ese modo, estaremos disminuyendo el poder de las instituciones que utilizan "los de siempre" para someter al individuo a sus intereses.
Por lo tanto, si no hay que aceptar la manipulación, el primer paso consiste en no ejercerla.
Se atribuye al escritor inglés Percy Bysshe Shelley la cita «el hombre de alma virtuosa ni manda ni obedece».
Si adaptamos ese verso al propósito de este post, se puede afirmar que «el hombre despierto ni manipula ni se deja manipular».