Hace unos días visitando la casa donde viví de niña fue difícil no tener nostalgia al ver como el tiempo pasa y no se detiene, la vida es hoy, es un ratico, no espera… se nos pasa el tiempo y no nos damos cuenta, recordar cómo era yo la que jugaba en ese patio, corría y montaba bicicleta, y ese dia me tocó ver a los hijos de mis primas que hoy son mis ahijados y a mi hija, pensar que era yo la que corría en esos terrenos, la que se subía a los arboles de mamon y guayaba para agarrar su fruta. Cuantas vivencias y cuantas historias podría contar de mi niñez en esa casa, sin mayores lujos, pero ¡Feliz!
Hay que disfrutar cada segundo, un día somos niños y otro ya estamos criando nuestros propios hijos, compartir con la familia, disfrutar con los amigos… no dejemos que el tiempo nos haga pensar que lo perdimos, pero que si nos haga pensar que vivimos al máximo esos momentos de niñez y adolescencia que no olvidaremos nunca.
Un dia a la vez, agradecida con Dios por las oportunidades que nos brinda a diario, el tiempo no se detiene, no espera por tus ocupaciones… no hace pausa, sigue su paso y dejando su rastro…