Lo similar es lo afín. Ese es el principio sobre el que muchas consideraciones y asociaciones se construyen. Amistades y relaciones. Hoy día nos es repulsiva la Diferencia. Hay una correcta direccionalidad del discurso, una correcta discursividad, e historicidad. Lo que apunta a esa dirección es lo bueno, lo que no pues lo malo. Es una dicotomía simple: pero peligrosa.
Es en este sentido que el pensamiento contemporáneo debe desligarse de consideraciones que pudiesen ser comunes y necesarias como el posicionamiento y tener que ponerse en la novedosa situación, aunque ya es latente en la obra El problema de nuestro tiempo de Ortega y Gasset, de la Beligerancia. Pero la Beligerancia es necesario adversar y para tener con qué adversar hay que saberse diferente. Pero este modo de adversar no puede tener afinidad histórica con el espíritu de la época. Ni para bien, ni para mal. Todo posicionamiento en relación a la Historia que acontece es una trampa en sí misma, el mundo contemporáneo es una trampa inmensa. No es un mundo ideológico sino de Poder y Fuerza bruta. Un mundo de Sonido y Furia.
Pero tampoco es pararse en la posición típica de adalid del correcto deber ser, del correcto hacer, del que se sabe verdadero comprendedor de lo que pasa. El verdadero escepticismo nace de la desconfianza de la capacidad propia de interpretar la realidad en primera instancia y es justamente por reconocernos como incapaces que tenemos que preguntarnos de dónde sacaremos la capacidad. Y, en mi caso, eso nunca será un proceso completo. Pero sí es necesario poder comprender el espíritu de la época y las visiones de mundo en falso conflicto porque no es un conflicto de diferencia sino de imposición de falsa igualdad. Son dos bandos que absorben toda posibilidad: o estás a favor o estás en contra, o eres correctivo o eres incorrecto, eres de aquí o eres de allá. Esa diferencia es afirmativa no beligerante porque la beligerancia no es contra los hombres sino contra la época. La verdadera diferencia comienza en enfrentarnos a la época en la que vivimos, a sus lugares comunes, a nuestros lugares comunes. Ahí empieza una verdadera arma intelectual.