Olvido, trato, sí, lo intento, que de ayer no quede rastro de aquella pesadilla y estocada del insomnio que, incesante, maleaba otra visita a bordo de mí, su empleado del mes, del año, de la década, quien le cierra la puerta y refuerza la ventana, pero ve cómo se cuela por algún flanco que ha dejado descubierto.
Inicia la batalla. Es de noche. La mente no descansa cuando explota o hiere. Es Incapaz de apagar sus demonios ante un mal dominio; inútil confrontarle si caes en la abismal trampa. Sonidos del silencio en vicios y vacíos, tantos, muchos, pocos... trato de desactivar los pensamientos y así, de la nada, los segundos se vuelven horas, las horas se convierten en un tórrido infierno... todo es una excusa de la mente que palpita ideas, frustraciones, vivencias, pero es que hasta el aire suena cuando respiro... es inútil pretender al silencio cuando el alma va desecha por un millón de sonidos... el aire está repleto de ruidos que voy consumiendo y sucede que cuando la mente calla su idioma fantasmal, quizás te duermes, quizás... rechinan los párpados cuando, guiño a guiño, los abro y exploro la oscuridad, en cambio, aún es de día en mi mente... perturbado yo, un errante de lo inmóvil, escalo lugares ante el desafino de todo lo que canta a mi alrededor... silencio, respiro; silencio, trino de aves; silencio, inventario del tiempo; silencio, miles de pensamientos... vaivén del circo que interrumpe mi placidez y sobra el espacio para que los minutos vuelvan a reinar despabilados... tick tack, tick tack, desvarían las manecillas; tick... tack... el tiempo se desdobla y va haciendo maromas en mis adentros para dejarme por fuera del descanso, mas voraz y mordaz me ha inyectado su veneno, el insomnio, otra vez. No resistes. Caigo. Trepido al song del Incesante. Aúllan el desvelo y los perros. Nuevamente, el alma habla mediante flashes de recuerdos. Pregona su voz, el cerebro, mientras forajido llega el reloj a cantarme, en retruco, otra hora... Silencio, alarido. Silencio, ojos entre abiertos... Descontrol del desvarío cuando a lo lejos croan, suenan, cuervos y grillos y oigo la diana del alba que se aproxima para decirle a mi infortunio que he fracasado otra vez en la pugna que a diario enfrento cuando la noche no arriba por completo a mi encendida mente.
Foto de mi Autoría. Derechos Reservados
Nikon D5200 | 35 mm
Iso: 800 || F:1,8 || 1/60
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