Así fue que, sin piedad, atravesaba su mano
en mí, luego su brazo y traspasó mi alma
sin detenerse o arrancarme el corazón,
pues, ni cuenta se había dado,
no sabía que allí estaba
con los latidos que se aceleraban
con su presencia.
Les juro que yo anhelaba que me arrancara
el corazón para que aquel gesto
de maldad fuera motivo de distancia,
pero solo prosiguió a través de mí, sin verme,
sin parase o darse cuenta que yo existía,
fue así que me quedé invisible, ignorado
y eso, eso se sintió peor.
Me robó el dolor de habérmela
podido arrancar del pecho,
el duelo de preguntarme qué hice
para que llegara el olvido,
en cambio, dejó en mí
la dolencia más grave,
la de sentirme inexistente,
inocuo, sin nombre ni esencia.
No sintió, siquiera, el suspiro
que admirado buscaba
que también perdiera el aliento
al toparse de frente conmigo
como finalmente lo hizo,
pero esta vez,
deteniéndose
para verme.
Yo no existía para esa persona
fui un fantasma. Todo yo fui nada...
No tuve oportunidad de ser quimera,
yo desaparecí ante sus apurados ojos
cuando no volvió, ni supo verme,
y eso me borró todos los colores
que habitaban dentro de mí,
así supe, entonces, que no
estábamos en el mismo
plano existencial.
Foto de mi Autoría | Derechos Reservados
Nikon D5200 | 35 mm
Iso:800 | F/1.8 | 1/125
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