Hoy 8 de julio de 2021 se cumplen dos años del fallecimiento de mi padre. Siempre intento rendirle honores a él escribiendo un poema que narra, en parte, lo que ha sido su ausencia, pero que sé que tiene cabida para los recuerdos de los que se han ido.
La mejor forma en que, quizá, lo consiga es con metáforas y esta incluye la que nos cuentan sobre las princesas que anhelan ser recatadas. Puede que quien nos salve no sea una persona y sí un alma.
Salvo en Castillo
Arriba de la torre me encuentro
custodio del dragón del olvido.
Ella no está y tú sí.
Sobrevivo, lo hago
y modero artilugios de costumbres,
de aquellas que sincronizo, sí,
antes y después de tu visita.
Aguardo un rescate,
uno que no es común,
de algún valiente-cobarde recuerdo
que arribe a mi mente y te dé vida.
El cuento de ella es solo una leyenda.
No toda vez
retornas íntegro tras el éxodo,
porque nunca las caras lucen igual,
y el tiempo tiene actitud de enemigo
por tu estadía y mi sentimiento,
así que en apuro tropiezo
con el letargo de mantenerme
fingiendo rosigar en la cúspide,
aunque en padecimiento estoy
mero en el fondo,
donde ponerme a salvo
vigencia pierde y sentido,
y donde los cinco que llevo puesto
no me hacen percibirte
enteramente como eras.
La bestia no es bestia,
pero es bestial y abismal,
el héroe con alma de príncipe
lucha con su cuerpo sin antifaz
y así nada más se eleva en memorias,
lo intenta, siempre prosigue,
a donde el grito furtivo
clama tu cercana presencia,
mas no basta solo aguardar
a que alguien venza
sobre las reminiscencias
donde en vida sí éramos capaces
de abrazar, besar y acariciar.
Cuenta la leyenda que la doncella
arriba del castillo está,
pero la fábula no es cierta,
porque acá subí yo
buscando en remedo una hazaña,
me vine y no está ella,
no hay nadie en el balcón,
me asomo y espero y ninguno llega,
no hay intrusos, ni dagas,
no vino alguien para hacerse gloria,
tampoco existe el resguardo o peligro
para quien viaje hasta la trémula
labrando victorias de una guerra
con las fieras que mientan en la patraña
de que hay una princesa
queriendo ser rescatada.
En cambio yo,
yazco en procura de ti...
Y es estando de techo en puesto,
parado en abogo de tu olvido,
caminando sobre rutinas
y las huellas del calendario,
que apareces...
Siempre estoy incompleto
cuando debo recibirte listo,
no es la excepción
si en la falta que me haces
reapareces.
Retumba tu nombre y existencia,
el diálogo cuela sus lágrimas y algarabía...
Fue en descuido de la acechanza
de la que sembraba cautela,
que un recuerdo irrumpió
hasta el balcón de mis ideas
y momentáneamente me rescató
envolviéndome nuevamente
por todo lo que una vez fuimos.
Es cuestión de tiempo
para que el propio tiempo
nos dé otra estocada de olvido
y vuelva yo al castillo de la princesa
queriendo ser salvado por tu recuerdo,
pero aquí no está ella, tampoco el dragón,
solo estoy yo, fingiendo estar en descuido,
desprevenido y sin lamentos,
para ser descubierto
por tu arbitraria remembranza.
Fotos de mi Autoría
Derechos Reservados
Nikon D5200 - 35mm
Iso:160 | F:2,8 | 1/250
Modelo: Loingrid
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