Al hablar de cambio, se refiere a la capacidad de adaptación que tienen las personas a las diferentes transformaciones que pueda sufrir el medio ambiente interno o externo que rodea la organización, es decir, dejar atrás procedimientos, estructuras, costumbres, para adquirir otras, que permitan la adaptación al contexto en el cual se encuentra el sistema u organización y así lograr una estabilidad que facilite la eficacia y efectividad en la ejecución de las acciones.
Como base para una buena convivencia se requiere principalmente el reconocer el personal con que se cuenta, el cómo están constituidos como seres humanos más allá de la estructura organizacional o jurídica reduciendo de esta manera la angustia ante situaciones desconocidas por tener como centro al talento humano propiciando el sentido de pertenencia, el proyecto institucional y a su vez los proyectos individuales.
Es de vital importancia el fortalecimiento de la comunicación en la interacción laboral, esta debe ser predominante, ya que depende de la participación de los empleados el que se pueda mantener la misión y visión de la empresa así como la toma de decisiones para la solución de problemas, e incluso el equilibrio y estabilidad en cuanto a la integración de nuevos esquemas, procesos y condiciones, desechando así el temor ante cualquier situación desconocida.
Se hace necesario promover la resiliencia como proceso positivo para el desarrollo de actitudes con la finalidad de establecer sólidas relaciones interpersonales en un marco conciliatorio y de negociaciones efectivas enfocadas al beneficio de los miembros de la organización; buscando el enriquecimiento de interrelaciones entre todo el personal, se concilia la focalización en puntos de acuerdos y establecimiento de estrategias apropiadas para el desarrollo de objetivos.