Estoy inmensamente agradecido con Dios por la infancia que tuve, jugué carritos, al escondite, toqui toqui, bicicletas, e hicimos muchos juegos y todo con la imaginación, no teníamos tanta tecnología como la que tenemos en este momento, así que por eso nuestros juegos tenía que ser con todo lo que había a la mano... recuerdo que por un momento jugamos a golf con unos palos con la escoba de barrer, jugamos, nos caímos, lloramos, nos reímos pero al final, continuábamos siendo amigos.
Pensábamos que esa felicidad nunca se terminaría, recuerdo que en una de nuestras conversaciones nos preguntábamos ¿Por que los adultos que se criaron juntos en nuestros edificios no se reunían tan a menudo como nosotros? Y nos realizábamos promesas de que siempre íbamos a estar juntos, que íbamos a compartir cervezas los fines de semana, y que esperábamos que nuestros hijos se criaran juntos para hacer una nueva descendencia para verlos jugar como nosotros.
Recuerdo que cuando comenzó la era de los viedeos juegos todos deseabamos tener uno, el primero en tener uno fue nuestro amigo Lucho (Actualmente en Chile), luego fui yo y por último Eric (Con planes para Colombia), cada uno tuvo un playstation 1, cuando se notaba la ausencia de cada uno era porque estaban con el vicio de los juegos y por tal razón se notaba la ausencia de cada uno, pero luego de un tiempo volviamos a salir a jugar.
Luego comenzamos a crecer y los juegos con los carritos y las bicicletas comenzó a desaparecer por otros gustos como las cervezas, las mujeres y las fiestas pero siempre al final estábamos juntos sin importar nada, si había una fiesta y solo invitaban a uno tenían que tener la certeza que todo el grupo iba a ir.
Hoy muchos de ellos se encuentra fuera del país, Colombia, Chile, Estados Unidos, España, hoy los extraño porque los consideraba mis amigos, mis hermanos, lo que viví con ellos hoy se lo agradezco a Dios porque tuve la oportunidad de tener una infancia feliz, pero por la situación país que hoy vivimos en Venezuela me toco despedir a mis hermanos en busca de un mejor futuro.
Espero que Dios me permita reunirme por lo menos una vez más con ellos, contar chistes, reírnos, tomar un trago y recordar lo feliz que eramos, y hacernos burla de como nos llamaba nuestras mamás porque ya no podíamos estar más tiempo afuera, o cuando nos regañaban porque rompíamos el vidrio de un carro.
La fotografía que viene a continuación fue una de las últimas que nos tomamos juntos, o por lo menos ya los que quedábamos, y cierro citando algo que leí hace un par de días atrás:
En algún momento de tu infancia, tu y tus amigos salieron a jugar juntos por última vez y nadie lo sabía
Hoy los extraño muchachos, solo quería recordarles eso...
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