Hola amigos de hive
Mi nombre es Milagro y hoy quiero compartir una de las experiencias más difíciles de mi vida, una historia que marcó para siempre mi destino, pero que también me enseñó que mientras exista vida siempre habrá esperanza.
Todo ocurrió el 8 de septiembre del año 2009.
Ese día, después de llevar a mi hija a la escuela, regresé a casa como cualquier mañana normal. Vivíamos en un segundo piso junto al padre de mis hijas y mis dos niñas. Mi hija mayor aún dormía y para no despertarla decidí caminar por el alero de la casa para entrar por la parte de atrás.
Nunca imaginé que aquel momento cambiaría mi vida para siempre.
De pronto perdí el equilibrio y caí desde la placa. El impacto fue terrible. Se me comprimieron tres vértebras de la columna y el dolor era insoportable. Grité pidiendo ayuda, pero nadie me escuchaba. Cuando intenté acostarme en el piso también se me fracturó un brazo.
Una vecina llamada Aide, que hoy ya no está entre nosotros, fue quien me encontró tirada y llamó a la ambulancia. Gracias a ella fui llevada al hospital Faustino Pérez.
Comenzó entonces una etapa muy dura para mí y para mis hijas.
Pasé un año completamente postrada en una cama y otro año entero en rehabilitación aprendiendo nuevamente a caminar. Mi hija Katy apenas tenía 9 años y mi otra hija ya era mayor. En medio de aquella tragedia, el padre de mis hijas decidió apartarse y nos dejó prácticamente solas, sin apoyo económico ni emocional.
Fue entonces cuando mi pequeña Katy tuvo que crecer demasiado rápido.
Dejó la escuela para ayudarme y comenzó a trabajar vendiendo croquetas, galletas y cualquier cosa que pudiera aportar comida a la casa. A veces me cuesta hablar de eso porque era solo una niña, pero se convirtió en mi fuerza para seguir viviendo.
Ella me bañaba, me peinaba, me ayudaba a moverme y cuidaba de mí con un amor inmenso. Siempre le digo que yo no terminé de criarla a ella, sino que ella terminó criándome a mí.
También tuve el apoyo de mi madre, una mujer mayor que aun así hacía todo lo posible por ayudarme.
Aquella caída me enseñó muchas cosas. Aprendí quiénes realmente estaban a mi lado y descubrí una fuerza que ni yo misma sabía que tenía. Con mucho sacrificio logré volver a caminar usando un corset y poco a poco recuperé mi vida.
Hoy, después de 17 años, sigo aquí. Más fuerte, más agradecida y con el corazón lleno de experiencias que me hicieron crecer.
Quiero compartir mi historia para decirles que, aunque existan momentos donde todo parezca perdido, nunca debemos rendirnos. Siempre habrá una luz al final del camino.
Mientras haya vida, todo puede superarse.
También quiero agradecer a quienes siempre me motivan a seguir creando contenido, incluso cuando siento cansancio o desánimo. Sus comentarios me recuerdan que vale la pena continuar compartiendo mi realidad, mis pensamientos y esos pequeños momentos cotidianos que para mí tienen tanto valor.
Gracias por apoyar mi creatividad, por valorar mi esfuerzo y por hacerme sentir acompañada en este camino dentro de Hive. Espero seguir trayéndoles contenido sincero, cercano y hecho desde el corazón.
Les envío un abrazo enorme y todo mi cariño. Gracias por estar aquí y formar parte de esta aventura conmigo. 💖
Estas fotos son mucho después ,cuando logré caminar y volver a vivir , cuando paso todo no teníamos ni cámaras digitales ni teléfonos móviles .