Como siempre antes de empezar mi post de hoy , agradezco con todo mi corazón a mis hijos y
por darme amor y apoyo en mi gusto por la escritura , también agradecer a
y a su esposo
por ser tan especial para mí familia
Hoy quiero hablar de las personas que han sido mi compañía desde que tengo memoria: mis hermanas. Somos tres mujeres criadas con esfuerzo, sacrificio y muchísimo amor. Yo soy la del medio. La mayor es mi hermana Noelis, que es apenas 11 meses mayor que yo, prácticamente crecimos como gemelas. Después vengo yo, y luego nuestra hermana menor, Raquel, que es dos años más pequeña.
Nuestra infancia no fue fácil. Venimos de una familia muy humilde, de padres trabajadores que hicieron todo lo posible por sacarnos adelante aunque muchas veces no alcanzara el dinero. Recuerdo que entre las tres apenas teníamos tres vestidos y nos los turnábamos para poder salir los fines de semana. A veces una usaba uno el sábado y otra el domingo, y así aprendimos desde niñas a compartir hasta lo más pequeño. No tuvimos juguetes caros, ni cumpleaños llenos de lujos, ni ropa nueva cada vez que queríamos, pero sí tuvimos algo que vale mucho más: amor, unión y una familia que nunca se rindió.
Crecimos juntas, jugando en las calles, inventando juegos con cualquier cosa, riéndonos de tonterías y también llorando juntas en los momentos difíciles. Mis hermanas han sido mis primeras amigas, mis cómplices y mis refugios. Con ellas aprendí lo que significa la verdadera hermandad. Porque ser hermanas no es solamente compartir la sangre, es compartir la vida entera.
Con el tiempo cada una tomó su camino y hoy no vivimos en el mismo lugar. Mi hermana mayor vive en Matanzas, yo vivo en Unión de Reyes y mi hermana menor vive en Juan Alberto Gómez. Aunque la distancia nos separa físicamente, jamás ha podido separarnos de corazón. Seguimos siendo igual de unidas que cuando éramos niñas.
No pasa un solo día sin que hablemos. Siempre estamos pendientes unas de otras, compartiendo nuestros problemas, nuestros sueños, nuestras preocupaciones y también nuestras alegrías. Cuando una está triste, las otras dos están ahí. Cuando una necesita ayuda, nunca tiene que pedirla dos veces. El problema de una es el problema de todas. Así hemos vivido siempre y así seguiremos siendo mientras tengamos vida.
Sus hijos son para mí como si fueran míos, y mis hijos para ellas son como sus propios hijos también.
Hemos creado una unión tan fuerte que ya no se trata solamente de hermanas, sino de una familia inseparable que se sostiene mutuamente en los momentos buenos y malos.
A veces pienso en todo lo que vivimos juntas y me doy cuenta de que la pobreza
nunca pudo quitarnos la felicidad de tenernos unas a otras. Tal vez no crecimos rodeadas de riquezas materiales, pero crecimos rodeadas de cariño, de apoyo y de valores que hoy valen muchísimo más. Todo lo duro que vivimos nos hizo mujeres fuertes, luchadoras y con un corazón enorme.
Hoy quiero dedicarles estas palabras a mis hermanas, Noelis y Raquel. Gracias por nunca soltarme la mano, por estar conmigo incluso en la distancia, por escucharme en mis peores días y celebrar conmigo los mejores. Gracias por cada sacrificio compartido, por cada recuerdo de nuestra infancia y por seguir siendo mi hogar aunque vivamos lejos.
La vida podrá cambiarnos muchas cosas, podrá llevarnos por caminos diferentes, pero hay algo que jamás cambiará: el amor inmenso que nos tenemos. Y mientras exista ese amor, siempre seguiremos siendo aquellas tres niñas humildes que aprendieron a compartir vestidos, sueños y la vida entera.
Para concluir no se olviden de apoyar a la comunidad BBH y también agradecer a la misma por tanto apoyo a todos los que necesitan