La historia de que antes con mi sueldo me podía comprar ropa, comida, salir, desayunar en panaderías, almorzar en la calle, viajar, comprar mis muebles, pintar la casa todos los años, regalar a mis amigos/as familiares y otros, salía con mis adorados hijos a la playa, alquilábamos toldos, disfrutábamos y gozábamos.
Entre otras cosas una realidad muy viva, que anhelamos y extrañamos todos ha cambiado un poco. Muchos pensamos sobre la situación país y nos volcamos a recordar como todos decimos "lo feliz que éramos"
Muchas de las cosas por las cuales incursionamos en la vida, pasa de la mano por pensar lo que éramos y lo que ahora somos. Esto conlleva a reflexionar el antes y el después que no se traduce tan fácilmente cuando solo lo recordamos a cuando lo estamos viviendo.
En qué momentos o etapas nos imaginábamos que para salir de nuestra casa teníamos que irnos caminando porque no hay carrito por puesto, ni siquiera los llamados "piratas"
Por si fuera poco al querer salir del país para salir de esta crisis, sucede que la página para pedir cita de apostilla, no abre, se cae, es lenta, no da la cita, hay que desvelarse desde las 6 de la tarde (que abre la página) hasta las 6 de la mañana (que cierra)
El pasaporte que gracias a Dios lo tengo, si se vence, sacar uno nuevo es bastante complejo (y tardío).
Las líneas telefónicas a veces caídas, se tardan, el Internet igual y pare usted de contar
La verdad es un pequeño recuento sobre una realidad que ante parecía ser inexistente y que agobia a todos los venezolanos. Dios bendiga a Venezuela y permita que las cosas mejoren.