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Quien soy yo para aspirar
que con tu atención me premies?
Si tu expectativa es nimia.
Si tu emoción es pausada.
Si tu preferencia es tal,
que enlazadas con las mías
se convierte en acertijo
que no puedo descifrar.
¿Quién eres tú para obviar
la plenitud de mis gestos?
Si mis sentidos te claman
Si los sentimientos hablan
Si la intención me define
¿cómo puedes desdeñarlos?
¿por que se hace tan complejo?
que al menos quieras probar.
Probar lo que sentirías,
al abrir tu entendimiento,
a mi mensaje escondido.
Saboreando en cada gesto
de mi pasión contenida,
de mi urgencia desmedida
lo mucho que te he deseado
lo mucho que te has perdido
Al fin y al cabo soy yo,
otro caminante más,
de los muchos que han cruzado
y cruzarán tu camino.
Otro ignorante ingenuo,
que al ver tu gracia y donaire
se desvive por gustar
el dulce olor de tu ser.
Al fin al cabo eres tú
la dueña de tu verdad
la infinita concepción
que me ha incitado a pecar
y a cultivar la virtud
recorriendo cada línea
de tu armonioso templo
que tanto placer me da.
Y aquí me tienes de nuevo,
arrodillado ante ti.
En un gesto de soberbia
presumiendo que el contacto
te dejará complacida
y que mi destreza ingente,
enfocada en tu interés,
te logrará estremecer.
¿Me importará si fracaso?
Francamente no lo creo.
Porque traspasar la línea,
que entrelaza nuestros cuerpos,
ya es un triunfo y un destino.
Una emoción y un sentido,
que bien puede compensar,
el gran riesgo de tu olvido.