Participar en el #Reto12Votos no sólo es un ejercicio para ser mejores lectores en Steemit, también se trata de ser mejores escritores a medida que se avanza. El tema a desarrollar en esta semana es ¡Me cuentas una historia de Navidad!

Fuente: Imagen del Reto12votos
Bajo el gigante manzano, que siempre ofrecía sus ácidas o dulces manzanas, pero siempre frescas y crujientes a la mordida, las más respetadas ancianas de la pequeña villa, Arcoiris, se sentaban al caer la tarde para observar el cielo y contemplar el paulatino ocultarse del sol y, cuando el arco iris lo tenía a bien, observar su formación.
Desde la lomita del manzano, las ancianas más respetadas (las más ancianas) y algunas jóvenes curiosas, pasaban pues muchas horas a la semana, en aquel mirador, mientras las palabras iban de una otra, sumando sabiduría que era de gran utilidad para el crecimiento de la villa.
Es necesario observar que, en Arcoiris, los hombres gustaban poco de esas tareas contemplativas, matizadas por las estadísticas que sobre su mercado de monedas analizaban con simplicidad y agudeza, dando dictámenes comúnmente acertados, por los cuales ellos orientaban las inversiones que mantenían a sus familias con estabilidad económica y en libertad para disfrutar su paraíso.
Sofía era la mayor de las ancianas, nadie, ni siquiera ella misma, sabía cuantos años realmente tenía. Sus hijas ya estaban mayores, sus nietos, también y sus biznietos ya tenían sus hogares establecidos en las cercanías. Sólo uno había emigrado, pero igualmente estaba siempre, las líneas azules mantenían las conexiones, con lazos igual de fuertes que los físicos.
Esta tarde Sofía vio la Luz Verde, otras de sus compañeras de muchos años lo notaron. Nadie dijo nada. Sólo se miraron. Las palabras sólo hacen falta cuando los pensamientos no llegan con claridad al destinatario. Raquel, una vecina recién llegada, casi espiaba, tras el grueso tronco del manzano. Sofía la llamó, en su voz no se notaba el cansancio de la edad, vibraba con las notas de una juventud apacible.
-¡Raquel! Acércate vecina. Bienvenida a nuestro recreo vespertino.
Se acercó. Sofía miró los pies de la joven vecina que comenzaron a mojarse, pues el suelo parecía manar agua constantemente, por eso todas se sentaban en cómodas sillas de madera y llevaban botines especiales hasta más arriba del tobillo.
Sofía se quitó sus botines verdes, que cubrían sus gordezuelos pies y los ofreció a Raquel. Ésta no sabía como reaccionar, además los botines eran bastante grandes para sus pies, delgados y pequeños.
-Pero sus pies... - respondió.
-¿Sabes desde cuando no me mojo los pies en el césped? ¿Ni camino descalza? Tengo ganas de hacerlo hoy.- Colocó sus pies en el suelo, quedaron semiocultos en el húmedo verde. Mientras tanto, Rebeca, sin otra opción tomó los botines, que resultaron ser su número, aunque incrédula su mirada viajaba desde los pies de la anciana a los suyos.
El arco iris llegó, espléndido, acompañado de una lluvia tibia y muy fina, que avivó las plantas y alegró a las mujeres y a los niños que retozaban en las cercanías, invitándolos a todos a retirarse a sus hogares.
Descalza, acompañada de dos amigas que la despidieron con un cálido y reconfortante abrazo, llegó Sofía a su casa. Una suave luz azul, lo bañaba todo. Su hija Sara, abrió la puerta, miró sus pies y antes de que nada dijese, hubo la respuesta. No puedo precisar si hubo palabras.
- Se los dí a Rebeca, la nueva.
Una pequeña sombra cruzó por los ojos azules de la hija. Era Navidad. El 24 de diciembre vería en unos instantes al recién nacido, al espíritu azul, que año tras año llegaba a renovar su promesa, a restablecer el equilibrio en los más débiles. Su madre siempre había sido fuerte, era portadora de una luz muy especial, que en la familia sólo habían heredado Rafaela y Rafael, los gemelos univitelinos. Rafaela, estaba dedicada a sus bebés, Rafael, estaba, pero sin estar. ¿Tendría Raquel la misma fuerza y luz?
Unos toques muy suaves pero perfectamente audibles, la llevaron hasta la puerta. Raquel estaba en ella.Tenía puestos los botines, traía un pastel y un gráfico; sonrió, con su toque de timidez que había mostrado tras el tronco del manzano, pequeñita y vivaz, habló muy suave:
- Esto es para ella- señaló a Sofía. -Sé le gusta el pastel de manzana ácida. El gráfico es para el Sr. Horacio, la Sra. Sofía me pidió que se lo trajera.
No aceptó pasar, le dio los saludos navideños de rigor y se retiró. Sara, regresó donde su madre, puso unas pantuflas en sus pies y miro sus dulces ojos. Se abrazaron. Los cánticos llegaron a la puerta, entró la tropa, como decía Sofía a su abundante familia. Un bello e iluminado día, con el azul característico que parecía arroparlo todo. Una bella e iluminada noche con ese otro azul característico, en ese otro ámbito, con sus leyes y realidades.
El azul trasmutó en verde por unos instantes. El movimiento se paralizó, sólo por unos instantes. Pronto todo regresó a su normalidad. Sara, supo que Sofía ya no estaba. La era de Raquel, se estaba iniciando.
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