Parece un trabajo de mentiras, o incluso un hobbie, pero realmente ese es mi oficio ¿Habías pensado que los chocolates que comes son sometidos a controles de calidad y pruebas de gustos? Pues a alguien le tienen que pagar para que lo haga, y yo soy uno de esos afortunados.
No es tampoco una actividad a tiempo parcial, es un trabajo como cualquier otro. Solo que yo llego a mi oficina a comer chocolates. Aunque degustar es la última parte, pues antes de eso vienen otras labores un poco más complejas.
¿Cómo se llega a ser catador de chocolates? Es la pregunta que todo el que conoce mi trabajo me hace, y aunque crean que me quiera guardar el secreto, yo no tengo la respuesta clara. Este trabajo llegó a mí sin que lo buscara; yo me dedicaba al mercadeo de rones en Venezuela (otro empleo envidiado), y me propusieron integrar la chocolatería en las degustaciones de la marca.
Leí muchísimo sobre chocolate; todos los libros que conseguí en español. Luego comencé a entender el cacao y sus derivados, hasta llegar a practicar con formalidad en la materia. El paladar ya lo tenía, gracias a mi padre que desde niño me llevaba a LA PRALINE, una bombonería belga en Caracas donde yo aprendí a escoger mis propios bombones. El olfato si tuve que cultivarlo, un buen catador debe poder evaluar un chocolate con la nariz, aún sin probarlo: encontrar los aromas a frutos secos, especias, tostados… y poder detectar defectos en las tabletas a través de olores como moho, o hierbas.
Con el tiempo me convertí en un conocedor, y con años de estudio y práctica llegué a ser un especialista en chocolates y un referente en la chocolatería venezolana. Soy Gabriel, y soy catador de chocolates.
En mis tiempos libres, cuando no como chocolate, soy periodista, especialista en el área gastronómica, cato ron, soy mochilero, y amo profundamente a mi país (porque Venezuela vaya que necesita quien la quiera).
En otras publicaciones les enseño a catar chocolates…