Cuento corto de terror: La oscuridad
La oscuridad es antiquísima como la luz, en esa dualidad conviven seres etéreos. En la oscuridad los espíritus, los demonios, las almas perdidas y atormentadas vagan eternamente. Fluyen del inframundo hacia el mundo físico de los humanos, solo quien ha experimentado el temor profundo que emana de nuestras entrañas puede verlos, la intensidad del terror sentido dará licencia para contactarlos y hasta aprender a convivir con los espectros que invaden la mente de los hombres desde tiempos inmemoriales. Sólo que muchos en el proceso pierden la razón o se transforman en instrumentos de maldad de los seres de la oscuridad para atormentar, azotar la existencia de los hombres. Dejó el libro a un lado y miró el reloj en la mesa de noche se sorprendió por la hora, el reloj indicaba la 12:45 de la madrugada, el sueño lo esquivaba como lo había hecho desde hacía años convirtiéndole en noctámbulo.
Sentía la garganta reseca y se levantó para ir por agua, bajó lentamente por la escaleras, sólo el sonido de sus pasos se oían en la madrugada silenciosa. La amplia sala adornada por tres cuadros, ocupada por unos vetustos muebles y una mesa pequeña donde reposaba un candelabro con una vela blanca desgastada. Un gran ventanal por donde se colaban los rayos de luz artificiales provenientes del alumbrado público, daban un aspecto fantasmal al recinto. Llego a la cocina y se sirvió un vaso con agua, en el segundo sorbo, como de costumbre se cortó la electricidad, quedando sumido en las oscuridad, recordó lo que leía del libro de cuentos de terror, una sonrisa casi una mueca apareció en su rostro, pensó es un momento propicio para los seres de las tinieblas y se dijo así mismo, pero yo no tengo miedo. Apuro el último trago e inicio el regreso a su cuarto, se detuvo y recordó la caja de fósforos que estaba sobre la mesa de comedor, los tomó y fue a la sala a buscar el candelabro para encender la vela desgastada como había estado haciendo en lo últimos meses en que el sistema eléctrico comenzó a fallar. Tres décadas viviendo en esa casa, le permitían fácilmente moverse en la penumbra, llegó a la pequeña mesa en donde antes había visto el viejo candelabro, algo extraño sucedía algo que le heló la sangre y lo hizo agudizar sus sentidos, el candelabro no estaba en la mesa, encendió un fósforo para alumbrar y comprobar que el candelabro ya no estaba. La llama se consumió rápidamente y quedó nuevamente en penumbra, recordó la linterna, subió las escaleras para ir al primer cuarto para buscarla, pero se horrorizó al ver que ahora la puerta estaba cerrada y cuando el pasó por el frente de ésta, juraría haberla visto abierta, fue inútil su esfuerzo para tratar de abrirla. En la oscuridad corrió a su cuarto, estaba asustado y en su mente retumbaban las frases del último párrafo leído.
El entrar a su cuarto quedó petrificado de miedo, unas siluetas, uns sombras fantasmales tan oscuras que resaltaban en la misma oscuridad rodeaban su cama, hacían sonidos guturales, como estertores trato de correr, pero sus piernas no respondían mientras los espectros que rodeaban su cama parecían hacer crecer más la oscuridad, envolviendo el cuarto y a la persona que yacía en el lecho, a la vez que los sonidos que emitían se incrementaban y penetraban sus oídos haciéndose insoportables. Sintió el corazón latiéndole con tanta fuerza y rapidez que casi le explotaba, se desvanecía, perdía la conciencia, la oscuridad lo envadía. El sonido de un vehículo lo despertó tenía los brazos cruzados y había ejercido tal presión en sus antebrazos que le dolían al igual que sus manos, que pesadilla tan terrible pensó, volteo hacia la mesa de noche y se sobresaltó al ver sobre ésta el viejo candelabro, a su lado el libro de cuentos de terror, un impulso hizo que lo tomará y abriera justamente en el último párrafo que había leído, para quedar espantado al ver que ahora el párrafo tenía resaltada y subrayada la frase; En la oscuridad los espíritus, los demonios, las almas perdidas y atormentadas vagan eternamente, fluyen del inframundo hacia el mundo físico de los humanos.