Con este billete yo me sentía millonario, me alcanzaba para ir al liceo, comprarme buenos desayunos, ir al cine y me quedaba para alguna comida callejera.
Eran finales de los años 70, tiempos en los cuales nuestra moneda era fuerte y el dólar apenas valía 4,30, no existía devaluación ni hacía falta que le quitaran ceros a la moneda.
Ir a Maicao era como pasear al campo y hacer compras algo ordinario, me encantaba ese queso Kraft que decía tipo americano y era fundido, porque en los sándwich se derretía y quedaban con un sabor especial.
Tiempos que no volverán.