La madre analfabeta
Uno de los recuerdos más nítido que tengo de mi niñez es cuando mi madre, cada noche, me leía un cuento de hadas. Mi padre había muerto y habíamos quedado las dos solas en aquella casita de barro ubicada en lo más alto de una colina. También recuerdo aquella mañana en la que me mandó a vivir a casa de mi madrina para que comenzara a estudiar. Recuerdo que todo el viaje lo hice llorando.
Desde que aprendí a escribir, comencé a escribirle cartas a mi madre y se las daba a cualquiera que fuera al pueblo donde ella aún vivía. Siempre esperé una carta de vuelta, de mi madre, pero esa carta nunca llegó. Tampoco tuve una visita de ella. Mi madrina me decía que tal vez mi madre no tenía tiempo y que era muy difícil bajar de aquella colina. Muchas veces llorando me quedé dormida.
Hubo un momento que dejé de escribirle al ver que nunca me respondía y me dediqué a estudiar, para ser alguien importante en la vida. Pero siempre, por una u otra razón, recordaba aquellas historias que mi madre me leía y que me hacían soñar con mundos posibles, diferentes y llenos de fantasías.
Pasaron los años y me enteré que mi madre estaba enferma y que me requería. Cuando llegué al hospital, estaba dormida. Como necesitaban algunas cosas, debí subir a la casa de la colina. La casa estaba intacta, igual a como cuando yo era niña. De repente vi el libro que mi madre me leía y cuando lo abrí, mayor sorpresa: las páginas estaban vacías! Al llegar al hospital, le conté a mi madrina y ella apenada dijo: tu madre no escribía ni leía, era analfabeta y las historias que te contaba, las inventaba ella, solo para verte feliz y sonreída.
=X>0<X=
Desde que aprendí a escribir, comencé a escribirle cartas a mi madre y se las daba a cualquiera que fuera al pueblo donde ella aún vivía. Siempre esperé una carta de vuelta, de mi madre, pero esa carta nunca llegó. Tampoco tuve una visita de ella. Mi madrina me decía que tal vez mi madre no tenía tiempo y que era muy difícil bajar de aquella colina. Muchas veces llorando me quedé dormida.
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Hubo un momento que dejé de escribirle al ver que nunca me respondía y me dediqué a estudiar, para ser alguien importante en la vida. Pero siempre, por una u otra razón, recordaba aquellas historias que mi madre me leía y que me hacían soñar con mundos posibles, diferentes y llenos de fantasías.
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Pasaron los años y me enteré que mi madre estaba enferma y que me requería. Cuando llegué al hospital, estaba dormida. Como necesitaban algunas cosas, debí subir a la casa de la colina. La casa estaba intacta, igual a como cuando yo era niña. De repente vi el libro que mi madre me leía y cuando lo abrí, mayor sorpresa: las páginas estaban vacías! Al llegar al hospital, le conté a mi madrina y ella apenada dijo: tu madre no escribía ni leía, era analfabeta y las historias que te contaba, las inventaba ella, solo para verte feliz y sonreída.