Quiero ser
Creo que comenzaré esta parte pensando que no siempre lo importante de nuestra vida tiene por qué entenderse y que tal vez no todo tiempo pasado fue mejor, solo que éramos más jóvenes, y cuando somos jóvenes tenemos nuestros propios anteojos para ver el mundo. Corrían los años 80, y aunque para el 83 Venezuela sufría una de las devaluaciones más significativas hasta entonces de su moneda, mal que bien, la vida del venezolano transcurría entre colores: gomitas, salvavidas y chiclets Adams.
Recuerdo que en aquellos años me llamaban chicle miniatura porque, aunque soy la segunda, era la más pequeña del grupo. Estas miniaturas eran unos minichiclets multicolores que para poder hacer bomba, motivo por el que los chamos comían chiclets, tenían que comprarse dos y tres bolsitas. Con ese apodo cargué por mucho tiempo, pero para extrañeza de muchos, no era algo que me fastidiaba, por el contrario, la vistosidad y lo menudito de aquellas golosinas me hacían sentir única y llamativa.
Era la época de los comerciales de Marlboro, de bebidas alcohólicas y de Petróleo en gotas en el cine, de la sifrina de Caurimare y su pastelado, del ta’ barato dame dos en Miami, del 1x1 en la radio venezolana. La Venezuela de las grandes telenovelas, la orgullosa de sus Reinas de Belleza, la de los programas de concursos y de espectáculos con artistas extranjeros. La Venezuela con sabor a prosperidad.
En aquella etapa hubo un furor con los grupos musicales. Desde Los Chicos, pasando por Los chamos y Unicornio (grupos venezolanos), hasta llegar a uno de los fenómenos musicales más importantes para las chamitas de la época: Menudo. Grupo musical puertorriqueño que tenía como integrantes a 5 pavos (René, Xavier, Johnny, Miguel y Ricky) que hacían delirar a grandes y pequeñas.
Si bien era cierto que para ese momento no tenía la edad para sufrir ataques de histeria y sofocones (según Freud), mi hermana mayor y una tía que vivía en casa, estaban en la edad perfecta para esos desmayos. Recuerdo sus llantos y gritos, la algarabía cuando se presentaban en algún programa, las coreografías improvisadas en las fiestas escolares y en el patio de mi casa, y hasta los planes de fuga que inocentemente se planteaban para poder llegar y tocar a sus ídolos.
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En esos años, creo haberlo dicho, en casa éramos todas mujeres, excepto mi padre. Mis hermanas y yo manteníamos una relación de complicidad, pero también de competencia, especialmente porque nuestra hermana mayor, con el cuento de ser la mayor, siempre quería imponerse ante las otras. Cuando jugábamos a la reinita, ella siempre era la reina, cuando jugábamos a la cocinita, ella era la única que cocinaba, y así. Con Menudo no iba a ser diferente. Mi tía y mi hermana por ser las mayores agarraron y seleccionaron a René y Xavier(los integrantes más bellos y mayores) como sus novio y nos escogieron (del verbo imponer)a Ricky para nosotras, que aunque simpático, era el más feo del grupo. Obvio que nos resistimos, pero según era el precio que debíamos pagar por pequeñas.
En una oportunidad, frente al televisor, sentaditas en el piso viendo la tele, veíamos una de las tantas presentaciones de Menudo en un programa llamado Fantástico con Guillermito González. Las Luces se apagaron y cuando se encendieron, un escuálido René salía cantando una de las canciones más emotivas y famosas del quinteto: Quiero ser. Inmediatamente se escucharon los gritos de mi hermana y tía que parecían locas frente a la pantalla. Yo, en una mezcla de fuerza y de euforia, me abalancé y le di un beso a la pantalla justo en la boca de René. Craso error: mi hermana me cayó encima porque le estaba besando a su novio y yo, tan chiquita pero tal vez presintiendo el aire de mujer que iba creciendo en mí, le dije que René también iba a ser mi novio.
Seguramente mientras mi hermana lloraba y les contaba a mis padres mi osadía, yo seguía en un mundo de colores en donde hasta al gris se le sacaba los mejores tonos. Vivir era elegir, y en esa época yo elegía todos los días ser feliz.