Carla vivía en uno de los barrios más peligrosos de la ciudad de Caracas, en Venezuela. Ella con tan solo 8 años era la mayor de 4 hijos, y ayudaba a su madre en el cuidado de sus hermanos menores, y en las tareas propias del hogar; como cocinar y limpiar.
Su madre trabajaba limpiando casas para familias ricas, no tenía ingresos fijos y lo poco que ganaba lo gastaba en alimentos para sus 4 hijos, entre los 8 y 2 años. A pesar de su pobreza y ser madre soltera (su marido la abandonó, estando embarazada de su 4to hijo), ella hacía de todo para que a sus hijos no le faltara alimento en su mesa.
Carla era una niña muy inteligente y talentosa para su edad, tenía un talento innato para la música, de oídos podía interpretar e imitar, cualquier ritmo que escuchaba en la radio, e improvisar con las ollas o cualquier cosa que emitiera sonido, el ritmo que escuchaba. Era un prodigio para la música.
Una tarde al barrio se muda un chico de 10 años, llamado Daniel, que tocaba el violín en la orquesta sinfónica infantil. Daniel todos los días después de salir del colegio y al llegar a casa, tomaba su violín y practicaba 2 horas. Luego salía con su violín y regresaba cerca de las 6 de la tarde.
Carla sentía mucha curiosidad por ese chico y su extraño instrumento, le encantaba escucharlo y le relajaba las hermosas notas que escuchaba a través de ese instrumento que era extraño para ella. Una tarde consiguió llenarse de valor y acercarse al chico, para preguntarle que era ese instrumento que tocaba. Daniel le dijo que era un violín y que desde hacia 2 años lo tocaba, Carla fascinada con el violín le pregunta si puede mostrárselo más de cerca. Daniel se lo da y le dice que tenga cuidado con el violín, que no se le vaya a caer.
Cuando Carla toma el violín y con sus dedos toca sus cuerdas, una electricidad pasó por su cuerpo; algo que ella jamás muchos años después sabría explicar. Le pide a Daniel que lo toque y él encantado toca una melodía de Bach, al terminar le pregunta si le gustó y Carla le dice que le encantó. Carla le pide que le preste de nuevo el violín, y como en un trance comienza a tocarlo. Daniel quedó asombrado como tocó, la misma melodía que él solo momentos antes había tocado. Carla tocó el violín como si hubiese tocado por años ese instrumento. Daniel estaba desconcertado de como esta chica tocaba el violín como una profesional, ni él con los años que tenía estudiando había logrado tanta virtuosidad. Daniel le contó que el programa (Orquestas Sinfónicas Infantiles), era gratuito y que con ese talento sus profesores la aceptarían y le darían un instrumento para que tocara y practicara para la Orquesta.
Así fue que Carla conoció el programa, y a través de este canalizar su talento innato para la música, 10 años después Carla logró con su trabajo en la Orquesta y talento, una beca para estudiar música en la universidad de Juilliard, y ayudar a su familia a salir de la pobreza.