Hola queridos Hivers!
Hoy tengo el gusto de traerles un cuento al que le tengo mucho cariño, porque marcó en mí la pasión por escribir literatura infantil.
Le tengo un amor incondicional a la literatura infantil. De hecho, hace poco les traje un post con Mis 3 libros favoritos, y los dos primeros puestos están otorgados a libros para niños, muy a pesar de que hoy ya tengo bien pisados los 28 años.
Considero que a pesar de que este tipo de literatura está escrita con una estructura y lenguaje sencillos, pensadas para la comprensión rápida de un infante, es también el medio más efectivo para cultivar en el adulto los valores más importantes de la vida, como el amor, la amistad, la humildad y la honestidad.
Por esto, no considero que sea exclusivamente literatura para niños, ¡es literatura para todas las edades!
Así pues, retomemos la palabra "cultivar" con este cuento, que envío como emisario para mi participación en el Concurso de cuentos infantiles en homenaje a Aquiles Nazoa, convocada por la comunidad Literatos.
¡Feliz viaje queridísime lectore!

El viejo y el topo

n un pueblo muy muy lejano vivía un viejo y solitario granjero, en una pequeña y vieja granja.
Cada día, el viejo se levantaba muy temprano para arar la tierra y sembrar en ella las verduras, frutas y hortalizas que luego cosechaba cuando ya estaban grandes y maduras.
A la gente de todo el pueblo le encantaban sus verduras, que resultaban ser las más exquisitas que hubieran probado jamás, pero, para tristeza de los pueblerinos, recientemente el viejo había dejado de venderlas.
A medida que pasaban los años, al viejo se le hacía más difícil arar la tierra para poder sembrar en ella. Tantos años de trabajo en solitario habían debilitado sus huesos, y lo que antes le resultaba rápido y sencillo, ahora le tomaba horas y horas, y terminaba cansado y adolorido. Por esta razón, lo que el viejo lograba sembrar alcanzaba únicamente para que él pudiera comer.
Un día, al cosechar sus verduras, el viejo se dio cuenta que éstas tenían enormes agujeros.

Las zanahorias, las auyamas, hasta las papas y la yuca; todo lo que salía de su terreno tenía ahora grandes hoyos que las hacían inservibles.
Sus verduras y hortalizas, que antes eran las más perfectas de todo el pueblo, ahora estaban defectuosas y estropeadas. No eran aptas ni siquiera para que el viejo pudiera comer, así que debía averiguar a prisa quién era el responsable, o sino... ¡moriría de hambre!
Esa noche, antes de acostarse, el viejo roció los cultivos con un poderoso somnífero. El bribón que se atreviera a acercarse a su terreno y agujerear sus verduras caería al instante en un profundo sueño, y lo atraparía con las manos en la masa.
El viejo se espabiló temprano al día siguiente, y casi corriendo salió al terreno, esperando ver a un desdichado hombre rendido cual bella durmiente.
Pero en cambio, y para su sorpresa, lo que el viejo granjero se encontró roncando apaciblemente sobre las zanahorias fue un enorme y castaño topo, con la panza abultada y redonda de tanto comer.
Con gran esfuerzo, el viejo cargó al rechoncho topo y lo metió en una jaula, y luego de asegurarla bien, lo sacudió hasta despertarlo.
— ¡Ahora sí que no te salvas! —le dijo, enojado—. Te atrapé comiéndote mis verduras, ¡sinvergüenza! Mientras tú te llenas la barriga sin el menor esfuerzo, yo trabajo sin parar y aún así me muero de hambre —suspiró—. ¿Qué voy a hacer contigo?
El topo, apenado y temeroso, se apresuró a contestarle:
— Disculpe usted, ¡no sabía que eran suyas! —tras sus anteojos, se le escurría una lagrimita—. Le juro que yo sólo iba de paso, pero tenía tanta hambre, y me olieron tan
pero tan bien, que no pude resistirme. ¡Por favor, no me haga daño! —le suplicó—. Si me libera, cavaré un túnel de inmediato y me iré muy lejos.
— Espera, ¿sabes cavar? —preguntó el viejo, de pronto pensativo.
— ¡Es mi especialidad! —respondió el topo, acercándose de un brinco.
— Entonces... ¡No te vayas, te propongo un trato!

Así fue como, desde ese día, el viejo y el topo trabajaron juntos. El topo cavaba túneles, y el viejo sembraba en ellos.
Mientras aprendían a trabajar en equipo se hicieron camaradas, y la granja volvió a ser tan productiva como era antes.
Resultó tan provechosa esta alianza, que las verduras no solo alcanzaron para toda la gente del pueblo, sino también para el viejo granjero, que consiguió a un amigo, y para el topo glotón, que consiguió un hogar.

¡Espero que les haya gustado esta historia! Y que hayan encontrado en ella algunas moralejas que he dejado, imprescindibles para el corazón.
Mi favorita (y hago trampa al soplarles) es que no importa cuán oscuro se vea el panorama, o cuán ardua parezca la labor, siempre habrá alguien que quiera tender una mano amiga para ayudarte a salir adelante. Y si no lo encuentras, es porque quizás debes proponerte a ti mismo ayudar a alguien más!
Como siempre...
¡Muchas gracias por leer!🍀❤️

Créditos
Ilustraciones creadas por mí.
Inspiración para la ilustración del topo: mole with glasses clip art
Separadores ornamentales extraídos de Freepik y hechos por: rawpixel.com