Es amplio y limpio, sientes el olor de frutas frescas, y lo buscas desesperado, te recuerda a tu niñez, por alguna razón no puedes dejar de pensar en ella... No en la niñez...
Si no en ella, en aquella quien con sus grandes ojos ocupo la mayor parte de tus pensamientos en aquel entonces...
Pero no es una ella del pasado, no es de tu presente, no es de tu futuro, es simplemente, ¡Ella!
Cuando la recuerdas, no le puedes poner una cara pues nunca la viste, no puedes escuchar su voz porque nunca la escuchaste.
Sigues buscando, el sol sale en el bulevar de los sueños, pero su luz onírica es fría y pálida como la de un sol domado, un sol cuya violencia se filtra tamizando una luz fría que envuelve al bulevar añadiéndole reverberación a los colores pero llenando el ambiente de un frescor frió que no es desagradable, pero se siente artificial.
En aquel momento ves las frutas, hay de todas las formas y colores posibles de una normalidad absoluta como solo en los sueños puedes encontrar, sus olores se mezclan al descender por tu nariz y sientes en tu paladar el contra olor que es mas un sabor, un gusto y tu cuerpo empieza a salivar con expectación, estas anticipando la frescura y el sabor que de solo pensarlo te hace agua la boca.
No te habías dado cuenta, pero tienes hambre, mas que hambre, es un deseo, mas que un deseo es la necesidad de saciarte, de comprobar que todas las promesas organolepticas que tus sentidos prometen se cumplirán, porque de no hacerlo, la decepción seria terrible, sin querer el sueño dejo de serlo, para convertirse en un anhelo de deseos y promesas de lujuria.
No te preocupas porque sabes que no es mala, es deseo y lujuria, pero de algún modo sano, puro.
Y entonces fue cuando la viste, aunque siempre estuvo allí; no era el momento, pero al aparecer estuviste seguro.
Seguiste acercándote, decidido, avanzando, ella te vio también, pareció sorprendida de encontrarte allí al fin, en su mirada se dibujo un comienzo de sonrisa...
En ese momento un ruido estruendoso comenzó a sacudir el bulevar, viste como las frutas comenzaron a sacudirse y caer, el sonido era horriblemente penetrante.
En ese momento entendiste y en un arranque de pánico recorriste la distancia de nada que los separaba, el sonido se hacia mas fuerte y todo temblaba, las lineas de los edificios se desdibujaban a causa de la vibración...
Lograste tocar su hombro... Y en ese momento sentiste como comenzabas a desaparecer...
Fin de la primera parte
2da parte: tu bella historia puede continuar