A Humberto Solás…
in memoriam.
(Inspirado en el filme Lucía, 1968)
El aire acondicionado penetra en la piel, el humo del café hace una estela danzante. Las tres Lucías están colgadas en la pared y presentan sus sonrisas habituales. Yo tengo la mía sentada a la mesa.
Mientras Los Beatles tañen su let it be, ella añade azúcar a su taza, me observa. La luz tenue nos brinda un ápice de intimidad que aprovecho para deslizar mi mano por debajo de la mesa. Puedo percibir al tacto la erizada piel de sus piernas, tiembla la taza humeante en mi otra mano. Su rostro se torna nervioso, sin embargo me incita con la mirada a que continúe.
She is standing right in front of me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be...
Recorro su piel, Lucía se agita. Mi mano en su sexo juega con los líquidos. El cristal nos guarda, nadie parece darse cuenta o disfrutan imaginando nuestro juego. A nuestra derecha dos rubias se besan y nadie las mira. La gente de aquí parece muy educada o adaptada.
And when the broken hearted people
Living in the world agree,
There will be an answer, let it be.
A Lucía le quema por dentro y ya nada parece importarle. Las tres de la pared mueren de envidia, no les hace gracia que aparezca una cuarta y se lleve toda la diversión «nosotras ya estábamos aquí y ella llegó de última», pensarán. Están furiosas, quieren saltar de la pared y tomarme solo para ellas. La cuarta ha perdido todo pudor, se sube a la mesa y comienza a tocarse. Me inquieto. Las rubias hacen un sesenta y nueve sobre su mesa.
I wake up to the sound of music
Mother Mary comes to me (...)
Let it be.
Mi carne penetra en la de Lucía que gime y se mueve frenética sobre el cristal. Casi me derrama el café, acabo la taza como puedo y sigo penetrándola. Las de la pared se conforman con hacer un trío para sumarse a la orgía. Las dependientas tampoco quieren ser menos y luchan por lograr erecciones en los viejos bohemios de la primera mesa.
There will be an answer, let it be.
Let it be…
Lucía erupciona y sus fluidos me traen el olor del express de hace rato. Pero ya no encuentro humo en mi taza. Se acerca la dependienta:
–Se le va a enfriar el café y estamos a punto de cerrar.
A mi alrededor la gente va desapareciendo, las rubias salen con dos muchachos, los bohemios terminan sus tazas y recogen los libros, las demás dependientas acomodan las mesas y las tres de la pared mantienen sus sonrisas habituales. De Lucía ni rastro. La dependiente se impacienta, toma aire pero no la dejo articular palabra alguna:
–La cuenta, por favor.
Lucía es un microrrelato erótico escrito en 2012, mereció la beca de técnicas narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso en Cuba.
Texto:
Imágen: Mehaniq