En esta nulidad del juicio mío,
al verte en la purpurea vestimenta,
me priva de la mente el albedrío,
que pidas que me pase de la cuenta.
Acércate mujer que tengo frío
te ves tan impaciente y tan contenta,
que quiero estar contigo hasta el hastío,
que quiero disfrutarte aunque no sienta,
también tu corazón como muy mío,
si al menos puedo verte yo de vuelta.