Estaba sentado en el costado de mi cama, en short y sin camisa, sudado luego de un partido de futbolito callejero. Lo recuerdo claramente. Pensando no se en que, distraído e inmerso en mi mundo: Ese dónde yo invento todo, la lógica carece de importancia y la imaginación vuela libre.
Eran como las cuatro de la tarde, mi familia y yo nos preparábamos para el pan con café con leche, fue cuando me fijé en el objeto intruso que adornaba mi cuarto, estaba allí, guindado sobre la pared con su aspecto descuidado e indefenso.Sin vacilar y lleno de curiosidad fui y lo tomé con mis manos, comencé a detallarlo y entonces lo noté: el polvo, su peso y las pequeñas fisuras sobre el liviano objeto de madera. Era confuso, no entendía de donde venía o la razón por la que estaba allí, a pesar de eso, tenía la sensación de que siempre estuvo dentro de la habitación (No está demás decir que compartía el cuarto con mi hermano mayor)
Ya sobre mis manos y con la mirada fija en el instrumento reflexioné:
“Nunca han llamado mi atención las guitarras o la música. Mi entorno está lleno de música y de músicos, toda mi familia toca por lo menos un instrumento ¿Pero yo? Solo quiero jugar fútbol, béisbol o cualquier otro deporte desafiante. Competir es lo mio."Mientra reflexionaba en eso no pude evitar recordar cuando mi abuelo me invitó cantar acompañado de su cuatro, era a penas un niño, intentó ayudarme afinar al darme un tono y varios intentos después al parecer no lo logré.(Allí terminó mi carrera como cantante) El viejo puso una cara de desaprobación -cosa que realmente no me importó- sólo me pareció extraño que nunca nadie, hermano, tíos o mi padre intentó enseñarme algo de música. Supongo que así como todos aprendieron por su cuenta yo debía hacerlo, esa es la regla".
Fuente
Volviéndome sobre la cama (ahora con el instrumento sobre mis piernas) comencé a tocarlo con timidez. Obviamente nada de lo que tocaba sonaba agradable, lo hice a modo de juego, solo para pasar el rato imaginando que era una estrella del rock... parecía algo divertido.
Extrañamente, con mucha gracia y accidentalmente, hice una sucesión de tres notas que se quedaron grabadas en mi mente que para ese momento me parecieron únicas, como una revelación. Rápidamente intenté repetirlas, cosa que no se me hizo nada fácil.
Luego de ese acontecimiento solo musitaba estas notas una y otra vez para no olvidarlas. Cuando las memoricé procuré con mas conciencia extender lo que ya había hecho y así, sin pensarlo tanto, me estaba envolviendo un mundo desconocido y fascinante.
¿Esto está saliendo de mi? ¿Ritmos? ¿Sonidos? La verdad no me parece que suene mal. No es un juego ni una competencia, lo estoy disfrutando. Es algo mío, tan mío como mi imaginación, que siempre estuvo allí ¡Como la guitarra! Descuidada e indefensa con esas fisuras que... bueno, se pueden reparar.
Solo debo dedicarle tiempo y esfuerzo porque es mío ¡Como la guitarra!
La verdad estaba emocionado por este pequeño momento que estaba viviendo, que a su vez, causaba un poco de risa. Puede parecer un momento insignificante y tonto pero no lo era, se trataba de mi identidad, lo que decidí ser. Ella, la música, me había encontrando y yo la estaba encontrando a ella dentro de mi, esa parte de mi que no había visto, que no entendía y por ende, no podía disfrutar.
Mientras continuaba en mi nueva fascinación escucho el sonido de la voz de mi madre diciendo:
<<¡Hijo! Ya esta listo el café>>
Atendiendo a la voz de mi mamá, suelto la guitarra a un lado sin dejar de tararear la secuencia de los sonidos aprendidos. Voy, como un loco, cantando mi primera canción. Ella sonríe al escucharme y mientras me ve, pregunta:
<<Hijo ¿Que cantas?>>
Yo -devolviendo la sonrisa- dejo su interrogante en el aire y recibo la taza el café caliente con el pan sobre el, me siento en la comedor de la casa sin dejar de entonar aquella melodía. Luego de tomar un poco de café respondo:
<< Madre, eso que canto es mío, mío como este café, como mi imaginación ¡Como mi guitarra!>>