¡Feliz jueves, querida comunidad! Hoy celebro tres años desde que comencé a correr y no podía ser de otra forma: con un entrenamiento de 9 km y 450 metros de desnivel positivo en la ruta de La Romanera.
Hace tres años me inscribí en mi primera carrera de montaña: 8 km con más de +750 m. En ese entonces, era una aficionada que solo subía y bajaba la famosa cuesta de Las Heroínas, en Mérida. Crucé la meta, pero sufrí mucho para lograrlo. Sin embargo, ese día me enamoré del trail running y, a la semana siguiente, ya estaba entrenando con la leyenda del trail en Venezuela: Lubin Arocha.
Han sido los tres años más increíbles de mi vida. Jamás imaginé que correr me daría la oportunidad de conocerme mejor, de descubrir que mi fortaleza mental me ayuda a superar cualquier obstáculo o de desarrollar una resistencia que ni en mis sueños me permitiría correr una media maratón.
Pero lo más importante que quiero recordar hoy -y cada día- es que correr fue el último impulso que me ayudó a superar la depresión que me acompañaba desde la adolescencia.
Prepararme para una carrera es un compromiso que asumo con disciplina. Cruzar la meta es una sensación indescriptible y subir al podio es mi recompensa al esfuerzo. Pero levantarme cada día y poder correr es un regalo de la vida, de esa vida de la que durante muchos años me sentí desconectada.
Correr me salvó y hoy honro el día que cambió mi destino por completo.
¡Seguimos!