Este pueblo tiene para ella, definitivamente, una magia especial, cada vez que lo visita ( y lo ha hecho eventualmente por años) sufre una metamorfosis; como sí en un exorcismo se liberara de los demonios que la atormentan, y de cierta forma renaciera; alimentándose del halo de misterio, del embrujo que lo rodea... Este lugar forma parte de sus raíces, de su esencia, está grabado en su memoria genética, fue la tierra de sus abuelos y de sus padres; pero esto va mucho más allá, parece que hubiese vivido aquí por largo tiempo y no solo durante las cortas vacaciones que compartía con primos y familiares y existiera un pacto entre ella y el pueblo, una promesa o juramento…
La atmósfera del lugar es mágica, destila historias, algunas alegres y agradables mientras otras se asoman por los muros y vetustos ventanales mostrando garras, ojos desorbitados, sollozos, rastros de bajas pasiones, amores imposibles, celos y rivalidades… y así llegan a su memoria las imágenes de un bar, en el que está segura(al menos en esta vida) nunca ha estado; escucha y tararea un viejo bolero y puede sentir en su garganta el ardor y sabor de un trago de ron ¿Estará enloqueciendo?
Sin darse cuenta, llega al viejo muelle, y puede verse dándose un chapuzón en ese mar azul, mientras su padre y tíos, conversan con los pescadores que venden el producto de la faena del día. Es un muelle pequeño (de niña lo veía mucho más largo y grande), la brisa y olor marino la embriagan; respira profundo y disfruta del cóctel de sensaciones y sentimientos que se le ofrecen; se despoja de sus sandalias y se sienta a la mitad, dejando que sus pies sean acariciados por las suaves olas. Unas pocas embarcaciones se ven a lo lejos, las tenues luces de los faroles, parecen hacerles guiños coquetos, seduciéndoles para que regresen...
Es la hora en que el cielo se pinta de tonos rojos y naranjas; y es que el atardecer/anochecer en el viejo muelle es un espectáculo a la vista, la banda sonora que lo acompaña: el romper de las olas, el silbido del viento y las voces lejanas de los pescadores que acabada su faena se despiden hasta el otro día...
Y allí se encuentra; sin saber cómo ni para que llegó hasta ahí... Repentinamente, se da cuenta que ya no está sola, voltea a cada lado y los ve, dos hombres sentados a su lado, no le hablan, pero en su cabeza escucha sus voces y le resultan familiares, calurosas y amables; no siente miedo, al contrario se siente protegida. Está segura que pertenecen al lugar, que siempre han estado allí y que hoy le han regalado su presencia, se le han manifestado como tantas otras cosas durante su vagar por el pueblo... Se pone de pie, se desnuda y lanza al agua sin pensarlo; es el momento de hacerse una con el paisaje,de despojarse, de atender al llamado que ese lugar le ha estado haciendo desde siempre; de descubrir o formar parte del enigma, de la historia no contada que siempre le ha perseguido…
Mientras flota plácidamente sobre las tornasoladas aguas, la envuelve una tórrida sensación, voltea hacia el lugar donde se encuentran sus acompañantes; ellos le sonríen y baten sus manos , a medida que se desvanecen junto a los pocos rayos de sol que aún se ven...
¿ Será acaso que está de vuelta?
¿ Retorna a dónde siempre estuvo, de dónde nunca partió?
¿Será ella quién se desvanece?
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