Mientras; Mariann yacía tendida en la cama sin poderse explicar la extraña sensación que la abrumaba; no era cansancio físico, era algo diferente lo que la mantenía allí pegada, sin ánimos de levantarse, mirando a la puerta como esperando la llegada de alguien… ¿ Pero, quién? Con desgano, se levantó; ya era tarde, no iría esa mañana al trabajo, o tal vez en todo el día. Se miró al espejo desencajada, con el cabello alborotado y unas ojeras que hacían resaltar más sus ojos azules.
Ella era fotógrafa en una afamada agencia de modelaje, aunque por su hermosura bien podía haber sido modelo; pero lo suyo era el arte, la fotografía artística; trabajar en la agencia además de los beneficios económicos le permitía relacionarse y le daba tiempo para hacer lo que realmente le gustaba. Vivía en un viejo edificio, adoraba su apartamento, a pesar de ser una chica moderna, se había enganchado desde el primer momento con ese edificio y con el apartamento, sin entender el por que.
Llegó muy rápido la noche y Anna estaba a punto de abordar el tren, unos pocos amigos la despedían ; se veía excitada, feliz y ansiosa. Ya pasaba la medianoche (era 7 de Septiembre) apenas si se podía ver algo por la ventanilla del tren; de pronto, se escuchó un horroroso estruendo transformando todo en un caos. Hasta allí habían llegado los sueños de Anna, no alcanzó a habitar su nuevo apartamento, ni pudo disfrutar de todo lo que había logrado con tanto esfuerzo. Unos días después se realizó la exposición de sus obras, las cuales fueron admiradas obteniendo muy buenas críticas; al menos se cumpliría uno de los tantos sueños de aquella joven pintora de ojos azules.
Mariann se sentía realmente extraña, esperaba no enfermarse, faltaba poco para su exposición lo que la tenia feliz, ansiosa y algo exaltada… apoltronada en el sofá miraba todo a su alrededor como si fuera la primera vez que lo hacía, como si fueran otros ojos y no los de ella los que estuvieran viendo; clavó la vista en el reloj-calendario digital que estaba sobre la mesa, marcaba 11:50 am. 07/09/0000, y sin más se estremeció...
Dos mujeres, dos épocas, una misma historia:Anna y Mariann, Mariann y Anna, una misma alma, un mismo espíritu, una misma esencia... Siempre han estado unidas por el hilo conductor que nos pone en movimiento y nos dirige a su antojo como marionetas: Mariann pudo llegar a realizar lo que a Anna le faltó y hasta alcanzó a disfrutar del lugar que aquella había escogido para vivir.
Un par de desconocidas; pero tan parecidas, dos mujeres que aún en épocas distintas compartían el gusto por el arte, los deseos de superación y hasta sus propias vidas, sin siquiera imaginarlo…