No hay mejor forma de aprovechar las mañanas de vacaciones que conectando con el asfalto y la naturaleza. Hoy el cuerpo amaneció con el eco del fondo del domingo; sentía esa pesadez característica en las piernas que te invita a tomártelo con calma. La meta inicial era simplemente caminar para aflojar los músculos, pero el running tiene una magia especial: llega un punto en que el mismo cuerpo, casi por instinto, te pide trotar.
Con la media maratón asomándose en el calendario, la clave es la constancia sin caer en la sobrecarga. Empecé con un ritmo muy suave, escuchando cada zancada. A medida que avanzaba, los músculos fueron despertando y me permitieron aumentar la intensidad de manera progresiva, pero siempre manteniendo el control. Fueron 5 km de trote consciente, seguidos de un par de vueltas caminando para terminar de soltar.
Lo mejor de entrenar en el parque es el entorno. Perderse entre las sombras de los árboles y el sonido de la naturaleza es la terapia perfecta. No importa cuántas preocupaciones traigas en la cabeza al llegar; después de un par de vueltas, sales con una mentalidad renovada y el espíritu ligero. Cumplimos con los kilómetros, cuidamos las piernas y, sobre todo, despejamos la mente. ¡Seguimos sumando!