El entrenamiento de hoy fue una prueba de estrategia y adaptación. Nos enfocamos en el reconocimiento de la ruta para la One Run, aunque con un giro logístico: partimos desde la Plaza de Los Palos Grandes en lugar de Los Próceres. La noche previa nos dejó un terreno húmedo y desafiante; los charcos en la vía nos obligaron a mantener los sentidos alerta y a cuidar cada pisada, sumando un extra de dinamismo a la jornada.
A pesar de la humedad, la vía resultó sumamente divertida. Enfrentamos esas subidas constantes que exigen pulmón, especialmente la llegada a Bello Monte con su inclinación "matadora". Mi objetivo era claro: reconocer el terreno para aprender a administrar los tiempos y la energía. Aunque me cuesta recuperar el ritmo tras los ascensos, logré estabilizarme y cerrar con 20 km sólidos.
El clima fue nuestro gran aliado. El cielo nublado mitigó el calor y, justo a mitad de camino, cerca del IPSFA en Los Próceres, nos recibió una llovizna refrescante. Más que agua, se sintió como una "lluvia de bendiciones" que renovó nuestras fuerzas. Quizás no fue un entrenamiento puramente en Zona 2, pues decidí apretar el paso para medir mis límites, pero la sensación de satisfacción al terminar, a pesar del cansancio, es invaluable. ¡Seguimos sumando!