Las constancia rinde frutos. Esta semana de entrenamiento ha sido una verdadera prueba de fuego y superación personal. El pasado jueves alcancé un hito que me llena de orgullo: me enfrenté a una ruta cuya mayor parte es pura subida y, por primera vez, logré completarla corriendo de principio a fin, sin detenerme ni un solo segundo. La sensación de conquistar esa cima fue increíble; aunque terminé exhausta, la felicidad de cumplir ese objetivo y bajar mis tiempos previos hizo que cada gota de sudor valiera la pena.
Hoy domingo cerramos con broche de oro tras un largo tiempo sin hacer distancias mayores. Completé un fondo de 19 kilómetros que puso a prueba mi resistencia física y mental. No fue fácil; el intenso calor provocó que me acalambrara, obligándome a caminar en un pequeño tramo para recuperarme. Sin embargo, no perdí el enfoque: el objetivo era mantener el ritmo y reducir el tiempo en esa distancia, ¡y lo logré! Lo más desafiante fue el trayecto hacia El Cafetal, ese falso plano que parece no terminar nunca y que agota las piernas. A pesar de los obstáculos y el cansancio acumulado, se cumplió la meta con éxito. ¡Seguimos sumando kilómetros con el corazón! Vamos por mas