Hoy el plan de entrenamiento marcaba series de 400 metros, pero la realidad en la pista fue muy distinta a la teoría. Al llegar, me encontré con una sorpresa que transformó por completo el escenario: el montaje de una feria ganadera. Aunque el camino principal parecía despejado, los laterales estaban invadidos por stands en plena construcción y un movimiento constante de personas.
Sin hacer un reconocimiento previo, me confié y arranqué la primera serie. A mitad de esfuerzo, la escena cambió: ya no solo eran estructuras, sino una variedad impresionante de ganado vacuno. Ver animales de diferentes tamaños y colores a pocos metros de distancia genera una mezcla de asombro y nerviosismo; no es lo mismo esquivar un cono que a un ejemplar de varios cientos de kilos.
Ante la dificultad de mantener la velocidad en ese tramo, decidí improvisar y seguir la ruta natural del parque. Terminé realizando series con niveles y desniveles, enfrentando subidas y bajadas que no estaban en el guion. Fue divertido y un excelente reto físico, pero la distracción fue inevitable. Al final, esta sesión me dejó una lección clara: el rendimiento no depende solo de las piernas. La mente es un factor determinante; cuando el entorno rompe tu esquema visual y emocional, mantener el enfoque se vuelve el verdadero entrenamiento del día.
Nota: les debo las fotos de las vaquitas 😉