Me escribes, amor, sobre el ascenso desde el alféizar de la ventana.
Éramos como personas, así que hay siervos,
¡Cuán pocos los que dicen: perdoné!
Te apoyaste en mi.
Donde nacimos en cinco.
Siempre hay sol en altura.
Y el lobo se perderá en las puntadas rígidas
Que pocos los que dicen que sí soy un cobarde.
Y ama a los más fuertes y más largos.
Ella susurró en tu oído.. Soy tuya.
Reúne todas las penas como cosas.
Bailando bajo la lluvia entre los charcos.
Si no lo vemos?
Elimina la fatiga imaginaria.
En su verdugo ella encontró consuelo.
Pero abrió el abrigo.
La vida es una carga sin fin.
Para todo tipo de baratijas.
Y recordaste tus rasgos.
Negándose a abandonar la tierra nativa.