Saludos amigos de Literatos
La zarigüeya camina en la tierra calcinada, con un peso grande sobre su lomo, Sus ocho crías se aferran fuertemente a sus pelos.
Con lentitud comienza a subir a la rama de un samán; necesita llegar a un hueco que hay en el tronco y poder alimentar a sus hijitos, que tienen mucha hambre. Ella tampoco ha comido.
Pero teme por el más pequeño, que está sujeto a algunos pelos cerca de la cola, está colgando y ella sabe que si se cae no puede ir a buscarlo.
El árbol ha resistido el fuego que el humano ocasionó y que consumió casi todo el bosque. Algunos animales encontraron refugio en él, quién los cobija como una madre.
Un halcón que está parado en una rama más arriba, observa la escena con mucho interés. No ha comido en días; el incendio ha matado a muchos animales, otros han huido. La zarigüeya con su pesada carga es una presa fácil".
"No vas a poder llegar; dame uno de tus hijos. No podrás alimentarlos a todos".
La zarigüeya lo escucha, pero su instinto de madre es fuerte.
"No te daré a ninguno de mis hijos".
"Uno a cambio de todos; si se caen, igual me los comeré".
La madre escuchó entonces la vocecita del más pequeño. "Mamá, me estoy muriendo, ya no puedo sostenerme. ¡Déjame caer!".
Y como una hoja seca, el cuerpo de la pequeña zarigüeya fue cayendo, mientras su alma iba ascendiendo. El halcón, creyéndose vencedor, voló para atraparlo, pero se enredó entre las ramas y, cuando pudo posarse en el suelo, el cuerpo era arrastrado por una comadreja hasta su cueva.
Rabioso, alzó de nuevo el vuelo para atacar a la zarigüeya, pero esta había logrado llegar al hueco, poniendo a salvo al resto de sus hijos.
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La imágen de la presentación la realicé en Canva IA.