De niña solía ir al campo con mis padres. Eran días frescos, de aire puro y aguas cristalinas, los árboles siempre estaban frondosos, el aire puro invadía mis sentidos. Los mejores recuerdos de mi infancia los conservo en las imágenes de un ambiente natural.
Pero las cosas cambian, con el tiempo la mano del hombre ha tocado la pureza de mi sitio especial, muchos años han pasado desde mi infancia y reconozco no volví más. Recientemente, fuí con mi esposo e hijos, a visitar el sitio del que tantas veces les hable.
La ruta es un desvió de la autopista, recuerdo era una carretera de tierra, pensé equivocarme. Aún confundida unos caballeros me aseguraron que estaba justo en el lugar al que me refería, pero que ya nada era igual, desde hace cinco años el terreno fue comprado por una empresa y ya ellos no cultivaban, eran obreros de la misma. Pude ver que el ambiente ya no era verde, el suelo al borde del gris pavimento estaba erosionado, a los lejos un incendio había oscurecido las montañas. El vigilante de la entrada principal nos dijo que a menos de 100 metros podíamos estacionarnos, aunque ya no había nada que ver allí.
Caminamos tristes en medio de tanta desolación, sentía pena por todo, pero justo cuando mis lágrimas pensaban dar un salto mortal, mis hijos, me llamaron. Encontraron los restos de lo que fue un acaudalado río, ellos alegres me decían: “estábamos jugando a los piratas y conseguimos tu tesoro”, se trataba del brote de una flor silvestre de esas que eran comunes ver allí, los abrace y les dije, que eran mis héroes, les agradecí enormemente el gesto y mire con ilusión la joven planta, sentí su fuerza y mensaje de esperanza.
De retorno a mi hogar, mi mente divago, entre la nostalgia y el entusiasmo, pensé en mi compromiso con el lugar, con la tierra y el futuro de mis hijos. He vuelto varias veces e incluso, con ayuda de organizaciones y gente de la comunidad se ha hecho mucho. El campo comienza a florecer, las montañas nuevamente se visten de verde, el río nos da las gracias.
Sé que aún falta mucho por devolver a esta tierra, he descubierto que no soy la única que la ama, solo hacía falta el mensaje de esperanza de esa tímida planta que se negaba a morir.
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