En la penumbra de su habitación,
lágrimas de desesperanza
salen de sus ojos
y estrujan su corazón.
No sabe hasta dónde,
no sabe hasta cuando;
solo sabe que ya no puede
y no quiere seguir llorando.
La soledad se anida en su alma,
le roba la alegría y las ganas de vivir.
Quiere amar y ser amada de verdad,
no quiere noches fugaces de alegría artificial.
La felicidad, lo ha comprobado
es efímera, es fugaz;
solo momentos de alegría
que la vida se empeña en borrar.
Vivir se ha vuelto una misión titánica,
siente que nada contra corriente
y a veces siente que es mejor dejarse hundir,
que batallar, luchar y seguir.
Se pregunta si algún día
logrará superar tanto dolor
mientras sigue aferrada
a ese pasado de amor.