English version
If there’s one thing I can’t turn down in life, it’s an invitation to eat, so when I got a message from my parents suggesting a family lunch, I didn’t hesitate to go. I didn’t know what was on the menu, but I knew it would be full of flavor and well-seasoned—home-cooked food made with love always has those qualities.
When I arrived and was served, I was delighted by the exquisite aroma of grilled ground beef patties, seasoned with cilantro and garlic. Soft on the inside and with slightly crispy edges, every bite was delicious, especially with the perfect touch of salsa rosada.
This meat was served with delicious white rice—fluffy and perfectly salted to complement the meat. Another side dish worth mentioning was the stewed black beans. Personally, I like to eat them separately, in a bowl off the plate, because I don’t like them to change the color of the rice; I also add a touch of sugar to them.
As if that weren't enough, a few slices of fried plantain were also included as a side dish. So, in a way, I was looking at a dish very similar to a Pabellón Criollo, with the difference that the traditional national dish features pulled meat, which takes more effort and patience to prepare; here, however, I have some tasty ground beef patties that are more convenient because they're ready in minutes. For a drink, nothing beats sugarcane juice with lemon.
Although I love to cook, I really enjoy it when my family invites me over for a meal because, in addition to delighting in my dad’s recipes, we gather around the table to chat while we enjoy lunch. The tradition of eating together and giving thanks to God for our food must be upheld, and that is exactly what we are instilling in little Alma.
Versión en Español
Si hay algo que no puedo rechazar en la vida es una invitación a comer, así que cuando me llegó un mensaje de mis padres proponiéndome un almuerzo familiar, no dudé en asistir. Desconocía el menú pero sabía que estaría lleno de mucho sabor y buena sazón, la comida casera hecha con amor siempre tiene estos elementos.
Cuando llegué y me sirvieron, me deleité con el aroma exquisito de unas tortitas de carne molida asadas, sazonadas con cilantro y ajo. Suaves por dentro y con bordes ligeramente crujientes, cada bocado era delicioso porque además tenía un acertado toque de salsa rosada.
Esta carne estuvo acompañada con un delicioso arroz blanco, sueltecito y con el punto de sal perfecto para combinar con la carne. Otro contorno para destacar fueron unas caraotas negras guisadas En lo personal me gusta comerlas aparte, en un envase fuera del plato, porque no es de mi agrado que modifique el color del arroz, además les pongo un toque de azúcar.
Por si fuera poco, unas tajadas de plátano frito también se incluyeron como acompañante. Así que en cierta forma estaba ante un plato muy parecido a un Pabellón Criollo, con la diferencia de que el plato típico nacional lleva carne desmechada, cuya preparación requiere mayor esfuerzo y paciencia, en cambio acá tengo unas sabrosas tortitas de carne molida que resultan más prácticas porque están listas en minutos. Para la bebida nada mejor que un guarapo de papelón con limón.
Si bien me fascina cocinar, disfruto bastante cuando mi familia me invita a comer porque además de deleitarme con las recetas de mi papá, nos reunimos en torno a la mesa a conversar mientras degustamos del almuerzo. La tradición de comer juntos y agradecer a Dios por los alimentos debe mantenerse y justamente se la estamos inculcado a la pequeña Alma.
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