Esta situación es una inquietud planteada y replanteada, en la cual los hilos que la bordean se fortalecen en contra de la necesaria ruptura paradigmática que permita dar el salto a escenarios de posibilidades metódicas y creativas. Y es que se hace obligante imponernos procesos de reflexión de nuestro accionar como investigadores y sobre todo como tutores, ya que es el investigador en formación el que crea o concibe su idea de investigación, en un proceso intrínseco en tanto que éste tiene su propia cosmovisión, su propia manera de comprender el objeto o fenómeno de estudio.
El formador de investigadores, entre tanto, no pasa a un segundo plano, al contrario, se constituye en ese acompañante cuya madurez y sabiduría son necesarias para guiar y orientar el proceso de su discípulo, sin ánimos de imponerle su “particular y única” forma de conocer el mundo. Él debe “dejar ser” a su tutorado, fomentando el valor creativo e inventivo del proceso científico, al tiempo que deber estar en una reflexión permanente sobre la necesidad de encontrar la verdad ¿cuál verdad?, ¿existe la verdad?, ¿a qué llamamos verdad?... debe propiciar de forma natural el valor por la serendipia sea cual sea la postura epistémica desde la cual se hace ciencia o mejor aún teoría.
Lo planteado evidentemente representa un reto, ya que se imponen en la realidad lo que muchos llaman resistencia al cambio, que muy bien Bachelard llama “Obstáculos Epistemológicos” aunado quizás a una suerte de “cualidad de sabio” que muchos creen tener y en cuya dinámica se han fusilado tanto el ánimo creador como lo que pudieran haber sido buenas intenciones investigativas.
Que nos invite a la reflexión lo siguiente: el sujeto cognoscente (investigador y creador) intuye el camino para llegar a su objeto o fenómeno a conocer.
PD: Si te parece interesante recuerda upvote, comenta y reestimea!! Gracias!! 🙌😘