
Ayer recordaba tus manos
callosas de tanto dar calor,
esas que nunca pidieron nada
y todo lo dieron sin rencor.
Tú fuiste mi primer abrazo
cuando el llanto no sabía hablar,
mi terapeuta de besos bajitos,
mi receta para no llorar.
Hoy entiendo de vínculos y heridas,
de apegos y de saber sanar,
pero nada de lo que aprendí en los libros
me enseñó tanto como tu mirar.
Porque en tus ojos no hay diagnóstico,
solo casa, solo paz, solo el mar
donde este psicólogo que escribe
aprendió a sentir, no a diagnosticar.
Gracias, madre, por ser calma en la tormenta,
por no juzgar mis grietas, por quedarte a mi lado.
Hoy te celebro con versos de poeta
y el alma de un hijo siempre agradecido.
Feliz día, mamá.
Con cariño para todas las madres de la comunidad #Literatos.
imágenes generadas con la inteligencia artificial Copiloto,libre de costos