"Fábula presentada al concurso 'Somos también fábula' de Literatos, mayo 2026. Inspirada en la tradición de Esopo y La Fontaine, sin moraleja explícita."
El último sauce habló con el viento
Junto al cauce seco, el sauce viejo aún sostenía sus ramas como cansados brazos. Ya no venían los pájaros a contar historias, ni las hormigas a pedir sombra. Frente a él, una amapola herida tosía polvo gris.
—¿Por qué tiemblas, abuelo? —preguntó la flor, con los pétalos rotos.
—No es miedo, pequeña. Es memoria —respondió el sauce, y su voz sonó como crujido de raíces bajo tierra—. Recuerdo cuando el río enseñaba a cantar a las piedras. Cuando el jabalí y el corzo bebían juntos al alba, y la guerra era solo un cuento que los humanos se contaban a oscuras.
—¿Qué es la guerra? —insistió la amapola, mientras sus hojas se ennegrecían.
El sauce cerró los ojos. Las últimas abejas habían muerto la semana anterior, envueltas en un silencio aceitoso.
—La guerra —dijo— es cuando los hombres olvidan que nosotros existimos. Cuando queman nuestros nombres para escribir el suyo con fuego. Mira ese horizonte: lo que ves no es humo, pequeña. Es el final de todas las preguntas.
La amapola intentó erguirse, pero el viento, que ya olía a hierro y ceniza, la deshojó sin permiso. El sauce guardó las semillas en un nudo de su corteza. Y esperó.
Nadie espera a un árbol. Pero los árboles nacieron sabiendo hacer eso.