¿Hasta qué punto se puede responsabilizar al Islam de la barbarie yihadista? Radicalmente le atribuyo toda la responsabilidad.
Cada religión tiene el defecto de hacer que personas buenas hagan cosas malas , pero el Islam tiene algo que provoca en mayor medida tal cosa, ese algo es el Corán y la interpretación del mismo. Lleno de apologías al asesinato, la tortura y la intolerancia “por Alá” no es muy distinto a la biblia cristiana. El cristianismo católico ya pasó por la etapa del asesinato “en nombre de Dios”: las cruzadas, la inquisición y la evangelización de América con el Imperio español. El catolicismo tuvo que adaptarse a las nuevas formas de vida y asumió que su rol en la sociedad es secundario para intervenir en la vida de cada individuo, asumió pero con resistencia que su actividad no es política sino espiritual; esa espiritualidad no la llevan a la fuerza sino que es voluntaria.
El Islam está pasando por la etapa que pasó el cristianismo bajo el mando del Vaticano, quiere hacer todo lo posible por involucrarse en cada aspecto de la vida de los ciudadanos. Quiere implantar lo que se debe vestir, qué se debe comer, qué se debe ver, qué se debe escuchar, qué se debe hacer y a quién se debe servir porque quien no cumpla los mandatos de la Sharía es un infiel que debe ser asesinado, aquel que no se una a la causa del yihad debe ser asesinado y aquel que incurra en la apostasía debe ser ejecutado, según lo escrito en las palabras sagradas del Corán.
El peor error de occidente es creer que el islamismo yihadista es solamente cuestión de religión, porque es también política y geopolítica. El Estado Islámico no es un territorio, no es un país, es una nación que quiere convertirse en Gobierno y Estado para implantar la teocracia islamista, sistema por el cual se debe regir el mundo, según ellos. El Estado Islámico al tener esas características puede estar en cualquier lugar del mundo. Está en Francia, puede estar en Alemania, está en Turquía y en Suecia, está en Nigeria y posiblemente en Italia, Bélgica y España. Se habla también de su presencia en América Latina.
En la fotografía: Mustafa Kemal Atatürk, quien fue presidente de Turquía. Reformó el sistema teocrático islámico turco para convertirlo en un Estado laico [1]
No todos los musulmanes son terroristas o seguidores de ISIS, sería injusto decirlo. Pero la moral islámica es invasiva y antagónica a la moral occidental. El Islam debe ser domesticado como ocurrió con el cristianismo para que conviva armoniosamente con las sociedades occidentales, o debe ser erradicado del mundo moderno. Las luchas liberales y seculares nos hicieron avanzar como sociedad y el Islam quiere retornar la religión al poder político. La defensa de los derechos de las mujeres las hicieron más independientes y más aptas en occidente y el Islam en esencia las disminuye al nivel de una vaca o una cabra. En este momento, Occidente e Islam son antónimos, morales opuestas y vidas opuestas.
La intolerancia es una virtud cuando los ingenuos tolerantes aceptan ideas bárbaras.