Estaba en 6to grado y tenía 11 años de edad, cuando mi madre, en una tarde lluviosa, llegó a casa con una nueva amiga. No sé de dónde la sacó, pero se notaban muy amigas. Era Katherine Dean, una gringa, testigo de jehová.
Mi madre la llevó a casa para que todos tomáramos clases de estudios bíblicos, a mí me encantó la idea, total, se trataba de profundizar en un nuevo libro. El resto de la familia inmediatamente se “sacudió” y yo, terminé siendo el único alumno de la señora Dean.
La Biblia resultó ser un libro de aventuras fascinante, la fe era algo opcional. La señora Dean tenía muchas limitaciones con el castellano y yo, curiosamente, me convertí en su profesor.
En una oportunidad me escuchó decir la palabra “escachapado”, para referirme a algo aplastado y a ella, no sé por qué, la palabra la inquietó. Sacó su diccionario y por supuesto que no encontró esa palabra. Comenzó a sospechar sobre mi dominio del idioma Español y ya no quiso tomar más clases conmigo.
A pesar que le compré unas cachapas, le mostré lo planas que eran, lo sabrosas que eran, las tiré al suelo, me escachapé con ellas, no la convencí jamás del uso adecuado de esa palabra y por culpa de esa palabra, se acabaron los estudios bíblicos.
Katherine Dean se fue a los “Estados Juntos”, como le llamaba mi padre a USA, y más nunca supimos de ella.
Siempre creí que la palabra “escachapado” derivaba de la palabra “cachapa” y que por ser un producto elaborado con maíz, era una palabra de origen autóctono, indígena, americana.
Han pasado los años y siempre, cada vez que un par de Testigos de Jehová tocan mi puerta, o me dan ganas de comer cachapas o me quedo “escachapado” y no abro la puerta.
Resulta que la palabra CACHAPA, no es un vocablo indígena y más bien, sus raíces están en España.
Las primeras pistas del origen de la palabra CACHAPA la encontramos en “Leonesismos léxicos de carácter migratorio en Andalucía”, escrito por Ignacio López de Aberasturi Arregui. Nos explica que el “Gachapo", es una vasija en donde se guarda la piedra de afilar la guadaña”. En Sevilla se usa la palabra “cacho” de “cacharro” para designar una vasija rota. Esta palabra viene de Asturias y León, donde se usaba para señalar a los cuernos huecos como vasijas para llevar líquidos, tales como aceite y vinagre para hacer gazpacho en el campo o para guardar la piedra de afilar la guadaña.
En Andalucía, guachapo debe ser el cruce entre gachapo y guadaña, y capacha una metátesis de cachapa-capacha favorecida por etimología popular.
Encontramos, a lo largo de España, variantes de ese contenedor de líquidos: cachapu, gachapu, gachapa, gaxopu, gaxapu, gachapa, gachapo cachapo, cachopa, gachopo, gazapo, cachiponcios, cacharros, cachivache. Existe documentación en Asturias, León y Salamanca en donde sólo se registró en Serradilla, en el centro de la provincia de Cáceres la palabra CACHAPA.
¿Cómo el nombre de una vasija de España, terminó siendo usada para designar una torta aplanada de maíz propia de la gastronomía venezolana?
Los indígenas del territorio venezolano, colocaban una bola de maíz, envuelta en hojas y se la llevaban en su cinto para las faenas diarias. Seguramente los españoles de la zona de Cáceres, asociaron ese envoltorio de hojas para transportar comida, con los “gachapos” de su región y comenzaron a llamarlas, “cachapas de maíz” (hallaquitas), para decir; vasijas de maíz.
Con el tiempo, la acción de aplanar esas bolas de maíz se le asignó el verbo “acachapar”, y en el más profundo venezolano, “escachapar”.
La palabra “escachapado” no es extraña para los extremeños. El verbo escachapar también tiene el significado de aplastar, así que bien pudiera ser que esa cachapa fuese un derivado de la palabra española descachapada> escachapá> cachapá-> cachapa, o sea, "aplastada". Al sufrir los cambios fonéticos en américa, ese verbo terminó convertido en un sustantivo.
El DRAE define la palabra cachapa, con marca de venezolanismo y de colombianismo, como “Pan hecho con masa de maíz tierno molido, leche, sal, papelón o azúcar, que se prepara en forma de bollo envuelto en la hoja de la mazorca y hervido, o cocido y a manera de torta”.
CACHAPEAR e un derivado de Cachapa, cuya acepción principal es marcar con un hierro a un ganado sobre una marca ya hecha, es una práctica del contrabando y robo de ganado.
En Venezuela, ese verbo se usa, en su forma vulgar, para designar las relaciones sexuales entre mujeres, llamándolas “cachaperas”. Cachaperas es también la mujer que vende cachapas y tiene ese doble significado.
Ha pasado mucha agua bajo el puente, desde que Katherine Dean, me excreto del paraíso por no haberle sabido explicar con propiedad, el origen de la palabra “escachapado”.
Curiosamente, la cachapa era uno de los platos preferidos de mi madre. Si esa palabra no hubiese aparecido, hoy sería un predicador de casa en casa, con un enorme paraguas, vestido a las usanzas de los años 50´s, vendiendo revistas Atalayas y Despertad.
Ahora mi vida es anárquica, sin miedo a dudar de todo lo que me dicen y de todo lo que veo. Sin embargo, hay un grupo humano que siempre los he observado con cariño y con extrañeza… son una manada de seres con paraguas que insisten e insisten en tocar puertas, una y otra vez, ofreciendo un ticket exprés, para que se sienten en el tren de los 144 mil elegidos y vayan a vivir eternamente, en el paraíso.
Yo, fui lanzado del tren y quede “escachapado”, sin ninguna oportunidad de salvación.
Hace años, en mi primer poemario, “Delirios de Medianoche”, escribí un extraño poema que mencionaba a los Testigos de Jehová, aquí se los dejo…
Testigo por un día
Hoy es domingo,
me gustaría ser "Testigo de Jehová"
para tocar todos los timbres,
de todas las puertas,
perturbar el sueño,
de todos los "hijos de puta"
que tuvieron amigos,
salieron a bailar,
a divertirse,
yo no.
Me gustaría joderles el domingo,
verlos levantarse,
con cara de amantes furtivos,
para yo hablarte de Jehová,
gritarles en sus caras: ¡pecadores!
con un paraguas sin sol,
con el alma vacía,
sin saber,
quien es realmente Dios.
Rubén Darío Gil